Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicología de la mujer zarla con toda la eficacia, con toda la abnegación de que es capaz su sér pr i vileg ia~o. Debe ser la mujer cor.no el aceite, el que, según, rn decía en la Edad M edia, t enía la triple misión de curar, alimen tp,r y alumbrar, - y de purificar, agre– garía yo. - ¡Hermoso destino el de la compañera del hombre, cuando de ese destino sabe hacerse digna! Cura, alimenta, alumbra y purifica, cuanto hay .. de enfermo, de anémico; cuan to adolece de obscuri– dad y de impureza en el hogar que le pertene~e. Sed vosotras, hijitas de mi corazón, ese aceite bendito en vuestras casas; ese- óleo santo, ese bálsamo maravi– lloso e incomparable para todas las miserias de la vida. No todas las mujeres necesitan trabajar de cier– ta manera; es decir, no todas necesitan ganarse el pan con el sudor de su frente; pero todas, pobres y ricas, deben odiar la ociosidad. No hay una que ten– ga derecho ~ eximiree ue las obligaciones de dirigir su casa, de velar po1· el bienestar de su familia, ya sea haciendo por sí misma las faenas domésticas o velando para que los criados las realicen debida– mente. Y abrigad la seguridad, hijas mías, de que nv habrá hombre sensato q ne no considere la so– licitud de una joven para atender a dichas tareas, como una de las mejores cualidades que puede po– seer una esposa. Y como prueba de mi aserto, copiaré aquí los consejos que da un prudente moralista a un joven, respecto de la mujer que debe elegir para compañe– ra de su vida, "Una de las cualidades que debes buscar en la que haya de ser tu mujei', es que sea buena ama de su casa. Si lo es, el hogar le proporcionará ancho campo para todas sus ambiciones, y no es suficiente que sepa apreciar el orden y el buen gobierno que hay en otras casas; es preciso que tenga el buen gus– to, el buen juicio y aptitud que se ha menester para practicarlos ella misma en la suya·. Tal vez no ne– cesite hacer la cocina ni las otras tareas de la casa; -169- 2 2

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