Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
L. Larriva de Llona de ser muy buenos y de siempre palpitante oportu- - nidad: "Hombres necios, que acusáis "a la mujer sin razón, "sin ver que sois la ocasión "de lo mismo que culpáis; "Si con ansia sin igual "solicitáis su desdén, "¿por qué queréis que obren bien, ·'si las incitáis al mal?'~ El amor es una de Jas pasiones más poderosas en el alma. de la mujer. De aquí que casi todas sus faltas tengan por movil est.e sentimiento; pero con esa pal– maria injusticia,del sexo fuerte parn con el débil, el hombre, que, deliberada o indeliberadamente, la inci– ta a cometerlas, es, sin embargo, su juez más inexo– rable después de cometidas. El no tiene, por lo gene– ral, la fuerza de voluntad necesaria para dominar una inclinación mal colocada; pero después de hacer due– ña de su nombre y de su honra a una niña mal ·educa– da. y coqueta, la hará responsable implacablemente de todas las consecuencias que aquellos vicios han de traer, sin recordar que él fue el prirn.ero en fomentar– los, cuando así convenía a sus propósitos; y en hala– gar esas malas pasiones que habían de ser más tarde el martirio de su vida. "En el pecado se lle va la penitencia," dice un adagio vulgar, y pocas veces sale más verdadero que cuando se trata de la coqúetería. Con efecto, si se pu– •diera formar un estudio estadístico sobre el particu- lar, se cnmprobaría que son .las coquetas, precisamen– te, ]as que dan el mayor porcentaje entre las mujeres que se quedan solteras. ¡Y llegar a este triste fracaso cuando, 6i coqueteaban era imaginándose emplear el mejor medio para pescar un marido! Pero aún hay al– go peor; más triste que el no casarse es, tal vez, el ca– sarse mal, y de las coquetas que se casan, la mayor parte hace desgraciados matrimonios. Obvias son las causas de ello y no nos detendremos a analizarlas ¿Quién, sino un hombre sin dignidad o sin juicio, o -156-
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