Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

/ .. L. larriva de Llona petua consulta con modistas y figurines, hay un abismo. Por mi parte os aseguro que, así como me complace en extremo ver a tina mujer siempre bien arr~gladita y elegante, sea cual fuere su estado y su posición social, n1e disgustan sobremanera aquellas, casadas o solteras, jóvenes o viejas, para quienes el asunto más importante de la existencia, es la confec– ción de tal o cual vestido y la elección de los diver– sos afr,ites sin los que no se atreven a presentarse ni aun delante de sus más íntimas amigas. Y estoy segura de que tal será, así.mismo, laopinión de todos los hombres sensatos. · La vida es muy corta, hijitas de mi alma; de– masiado corta, y es verdaderamente un crimen, mal– gastar sus horas en fruslerías, cuando hay tanto en que se puedan emplear fructuosamente. Básteme deciros ú na cosa: estimáis, a buen seguro, mucho más vuestra alma que vuestro cuer– po ¿no e~ verdad? Pues dedicad de preferencia e1 tiemp,o a -embellecer el espíritu y . os garantiza vuestra madre, que la primera ventaja que obten– dréis, el premio que inniediatamente recibiréis al po– ner en práctica tal sistema, será el de que a medida que cultivéis vuestras facultades intelectuales, se me– jorarán vuestras dotes físicas, pues existe una rela– ción tan directa entre el alma y el cuerpo, que aun– que no sea más que por el reflejo, suele hermosearse éste con la hermosura de aquélla. Desde luego os afirmo que no puede ser fea una n1ujer en cuyo ros– tro brillan la mirada de la inteligencia y la sonrisa dd la bondad. · · - A riesgo de que se me tache de ultramontana, de "" que se me tilde de retrógi;.ada, de que se levante ~en contra mía la clamorosa grita de los neocivilizadores o progresistas, diré que, enseñanza por enseñanza, prefiero y con mucho, la que se daba a nuestras abue– las, a la que recibe la gener·alidad de las niñas en nuestra época. Aquella éd ucación pecaba por .defec– to; ésta peca por exceso .... en lo malo. Leer el a~o cristiano, zurcir la_s camisas y pedacear las medias; guisar sabrosa y pulcramente tal cual plato de la -146~

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