Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

) L. Larriva de Llona nos; puede hablar con desenfado y gracia, - esa gra– cia, que., preciso es .confesarlo, rara vez falta a la mu– jer sud-americana, - de las comedias u operetas es– trenadas recientemente, y cuando, -¡suprema habili– dad! - sabe cortarse un vestido por los patrones del figurín de "La Mocla Elegante" .... Deteneos cerca de un grupo de muchachas pa– recidas a la que yoy describiendo, y escuchad sus diálogos. No las oiréis hablar si.Qo del novíazgo de fulanita, de las calabazas de zutanita; de los vesti– dos que una de ellas ha recibido de Europa; del trous– seau que la otra piensa encargar para su próximo matrimonio; de la gracia con que Arturo baila el vals; del chic con que Eduardo sabe atarse las corba– tas. . . . y nada más. Pero, ¿es posible que no que– pan otras ideas en esos cerebros, ni otros sentimien- tos en esos co"razones? . He observado, y conmigo lo observarán·, asimis– mo, todas las madres-, que tanto la funesta afición al ,lujo, como la ,frivolidad de caTácter, nacen y se des– ·arrollan en el colegio no pocas vece$; lugar muy propio, como se .comprende, para el cultivo de los gérmenes de esas mezquinas rjvalidades a que dan siempre fácil acces-0 los corazones infantiles femeni– nos. Es preciso, hijas mías, procurar vencer a toda ' costa los deseos de vestir mejor .que vuestras com– pañeras; de ser rnás que ~Has en las cosas fútiles; es · preciso dominar esos instintos de emulación; porque la mujer que cuando niña no piensa, al acercarse la época de los exámenes, sino en el vestido que lucirá en ese día de gran pruebti, y no en las notas que le dis_cernirá el j urádo examinador, por su aprovecha– miento durante el año escolar; y que al aproximarse e} día de su Primera Comunión, en vez de sentir lle– na el- alma·. de emociones dulcísimas, siente en ella las punzantes mordeduras de mezquinas rivalidades por el mayor o menor lujo de las compañeras que con ella compartirán el I).ivino Banquete; cuan90 se acerque ,al altar, junto eon su prometido esposo, a pronunciar el juramento que debe unir indisbluble- 1nente su existencia a otra existencia, no pensará -144-

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