Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

,. . 11 LA FRIVOLIDAD · Menos odioso eri sí mismo, aunque de tan fu– nestas consecuencias para la dicha y la paz de \a fa– milia, como los defectos de la soberbia y de la vani– da<J, es el de la frivolidad. Como os he dicho, hijas mías, el individuo nace con todas sus propensiones, buenas y malas; pero unas y otras se desarrollan con más o menos fuerza según los circunstancias. No es .posible desconocer 1 que entre \a soci"dad y ~l individuo hay una acción y reacción continuas. Fórm'ase un círculo vicioso del que le es a éste muy dificil salir, una vez que se en– cuentra dentro de él. ::v:ése como encerrado en una especie de atmósfera sutil, pero impenetrable, y qu~ forma horizontes engañosos. Y si'el individuo perte– nece al sexo femenino, la atracción es más irresisti– ble y más dificil la salvación. El halagador amor propio y la seductora pereza, completan la obra de la falaz sociedad; y así la cándida víctimá de su propia tontería y de la malignidad de los que la rodean, cree que todo lo ha aprendido, que todo lo sabe, cuan do mal o bien, canta una r~manza a la moda; destro– za en el piano una aria de los grandes maestros, maltratada yá por compositores menos que media- - 143--

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