Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
,,, · ·CARTA VIGESIM·A ' · ". Otra de las pasiones más funestas de que pue– d~ adolecer un hombre es, sin duda, la pasión de los celos. Hablo de los celos infundados, que son los qignos tle vituperio. '\ Si una mujer injustamente celosa es insoporta– ble, un marido que atormenta de continuo a su es– posa con sospechas injustificadas acei;ca d0"Su fideli– dad, lo es doblemente, por cuanto esos recelos son u-na verdadera inj uriá para la mujer honrada y dig– na, a quien la más leve sombra de duda de aquel cu– ya honra está ella encargada de ~guardar, debe ofen– der profundamente. En mj concepto; el hombre no debería ser celo– so jamás, pues o su mujer es honrada o no lo es. En el primer caso, son los celos una verdadera aberra– ción; en el segundo, o debe tener la fuerza de volun– tad, la energía precisa par~ corregir a su esposa, o debe separarse"' inexorablemente de ella. Es este un mandato inapelable .de su dignidad ofendida. No con– cibo que pueda·procederse de otra manera. Los celos 1m la mujer, son cosa muy diferente. Por lo mismo que según los códigos sociales y hasta según laS'leyes de la naturaleza, no revist~ la misma gravedad el delito de adulterio en el hombre que en ' la mujer, podrán mortificar, pero no ofender a un marido los celos de la esposa♦- • Casi todas las pasiones, y aun casi todos los vi- -119-
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