Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
IPIRIElillMlilNA.IR "Il en est de méres comme de la Providence, on l' oublie trop souvent dans la prosperité, mais on y revient volontiers dans la souffrance ou le mal– heur, parce que, on a la con– fiance d' y trouver toujours un secours ou une consola– tión". Y ¿ por qué no hemos de echar nosotras tam– bién nuestro cuarto a espadas, sobre la educación de los hombres? ¿ Por qué ha de vedársenos sembrar por nuestras propias manos la semilla e~ un campo cuyos frutos seremos las primeras en recoger? ¿ Por qué, en fin, se nos ha de négar el derecho de opinar en alta voz, digámoslo así, sobre asuntos que son de vital importancia para nuéstra felicidad, y pa:·a la felicidad de ellos mismos? Si grande es la influencia de la mujer en la fa. milia y en l'a sociedad, está 'fuera de toda duda que el papel principal corresponde al hombre, que es quien organiza los Estados, quien dicta las leyes, quien marca los deberes y los derechos de urio y otro sexo; quien pone el sello a las costumbres; y que es, en fin, e1 Director activo de la gran asociación huma-
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