Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Cartas a mi hijo .... nó, ella -tampoco explicaba su amor con pala– hras; pero cuando yo la interrogaba so'bre el particu- . lar, tomaban sus mejill as e l color de la púrpura y ~in acertar a responderme, p.or la fuerza de la emoción, cogíame las manos y m e la s apretaba con tal fuerza, que era imposible ;110 quedase la menor duda sobre la intensidad de un sentimiento expresado de mane– ra tan elocuente, que a las veces me arrancaba un grito de dolor. Y lo que no decían por entero el ru– bor y los apretones ele mano, lo completaban los im– comparables ojos; esos ojos en los que yo estaba acg.stumbrada a leer como en un libro abiei;to, y que in1tdiaban un resplandor lJasta entonces desconocido en ellos. Pero ¿,por qué no hablaba ·Fernando? -Pasai·on tres mese~; WJ,saron seis;. pasó un afio, y la madre de Soledad y yo, que la amaba como hermana, nos de– sesperábamos de tal silencio, sin que, por otra parte, nos atreviéramos a dudar de 1 l_afecto ni de la lealtad · ,ie ese hombre singula1\ que había sabido captarse las simpatías de c(]antos le tratábamos. Llegamos a sospechar que algún misterio terri– ble sellaba sus labios. Soledad, que fue la última en dar acogida a esos recelos, acabó por rendirse a , la evidencia. Pero ni ella, ni nosotros, nos ac,erca– mos en nuestras conjeturas 1 a la terrible verdad. Y al mismo tiempo que los más crueles temores nos ;isediaban, no podíamos menos de reconocer que Fernando estaba profunrlamente enamorado de So– ledad •Y. que en su espíritu se libraba una batalla espantosa, -cnya causa no acertábamos a adivinar. Sí, él Ju ehaba; 1 uchaba con un enemigo descono– ci fio para nosotros, y quizas invencible; de allí que le ootáramos _cada día más -preocupado y taciturno. De repente se,__ ausentaba sin motivo aparente. Déjaba de ver a Soledad por espacio de algunos día s. Sin duda formaba lh, resolución de no volverla a ver más~ pero la irresistible fuerza del amor vol vía a traerle a su lado; y los sufrimientos que revelaba el desfigurado rostro de la pobre niña que tanto le quería, debían de decirle qu~ su abandono podría -:_103-
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