Boletín de la Biblioteca Nacional N° 9
71 rían una cuidadosa restauración. Y aquí entramos en una de las fases más interesantes de esa labor de reconstrucción. En un principio todas las res~ tauraciones fueron hechas aquí mismo. Las páginas de cada libro secadas y limpiadas se vieron reforz'adas por hojas de papel transparente. El perió~ dico "El Intérprete" redactado por Felipe Pardo y Aliaga en Santiago de Chile en 1836, fue reconstruído número por número en su colección comple~ ta utilizando los fragmentos menos dañados de tres colecciones que poseía la Biblioteca, recortándolos y pegándolos ordenadamente. "La Opinión Na~ cional", del primer semestre de 1879, fué reconstruída en mejor estado del que había tenido hasta entonces, pues se adquirió una colección de la que habían sido recortados todos los editoriales desde el momento más agudo de las relaciones boliviano~chilenas, entonces se adhirió allí las partes que fal~ taban tomadas del propio ejemplar muy quemado de la Biblioteca. Las obras así refaccionadas eran perfectamente legibles, pero ante el peligro de que con el transcurso del tiempo la goma usada se descompusiese y tornasen opacas las hojas de papel especial. se pensó en mandar a los Estados Unidos algu~ nos libros de especial importancia, a fin de encontrar un modo de restaura~ ción más duradero. El primer "enfermo" enviado a la "clínica" de la Bi~ blioteca Pública de Virginip , en Richmond, fué el "Diario de Lima, curioso, erudito, económico y comerciar', de Jaime Bausate y Mesa, que principió a salir el 10 de setiembre de 1790 y que fué el primer diario peruano. La re~ construcción fué espléndida y se mandó luego otras obras valiosas como el famoso discurso de Baquíjano y Carlillo "Elogio del Excmo. Señor Don Agustín de Jáuregui ... en el recibimiento que como a su Vice~Patrono le hizo la Real Univresidad de San Marcos el día XXV de agosto del año de 1781", que, dejando de lado su alto significado histórico, por lo demás muy conocido, tiene el valor de ser quizás el único ejemplar supérstite, pues, por Real Orden de 1 Q de agosto de 1783 se procedió a recoger todos los impre~ sos de ese Panegírico; encontrándose trescientos ejemplares (segun da cUen~ ta el propio Virrey J áuregui al Rey en carta de abril de 1784) que fueron re~ mitidos a España, no encontrándose el resto de los 600 ejemplares a que as~ cendió la edición, según juramento del librero. Encargado del reconoci~ miento de las librerías, cajones de libros y bibliotecas particulares fué Fray Diego de Cisneros. Se envió también a los Estados Unidos "El Marañón y Amazonas. His~ toria de los descubrimientos entrada y reducción de naciones ... " del 'P. Manuel Rodríguez, y periódicos de Felipe Pardo y Aliaga: "El Eco de San~ ta Cruz", "El Hijo del Montonero", "Para Muchachos" y "El Intérprete". Interesantes es conocer el proceso seguido en estas restauraciones: las primeras fueron hechas a base de "crepelina" (una tela de seda fuertemen~ te tramada y avitelada) y de gasa japonesa muy delgada, resistente y trans~ parente; la hoja quemada se colocaba, previa limpieza, entre dos hojas de cada uno de estos materiales, adhiriéndolas luego por medio de una solu~ ción de acetato que diluía las fibras y poniendo bajo prensa. E! resultado era ya muy bueno, sin embargo las últimas reparaciones han alcanzado una mayor perfección, pues no sólo permiten leer claramen~ te el texto y aún sacar reproducciones fotográficas de los documentos así restaurados, sino que a más de su mayor duración protegen los documentos contra la polilla y la humedad. Para esta segunda clase de restauración, se emplea láminas de celulosa acetada, esa celulosa se derrite y se introduce en los minúsculos poros de los
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