Boletín de la Biblioteca Nacional N° 9

50 Cuando se produjo el incendio de mayo de 1943. no lo circundó. para estímulo de la munificencia. el espectáculo siempre dramático de una guerra internacional. o de la ocupa- ción militar del territorio por un enemigo afortunado. En aquel inst¡;¡nte. precisamente. la mayor parte del mundo hallábase sumida en una contienda implacable y devastadora que ló- gicamente debia embotar cualquier reacción sentimental frente a un siniestro aislado. Las luces de muchas grandes capitales del pensamiento universal habianse apagado o estaban escondidas. Dificiles. costosas e intermitentes eran las comunicaciones. Y. sin embargo, el Perú recibió de múltiples lados en hora tan amarga la expresión de una solidaridad inol- vidable. Según refiere la historia colonial limeña. después de un terremoto fué reconstruida la Catedral con el óbolo de los vecinos de la ciudad. Uno de ellos. muy pobre sólo pudo en- tregar un sombrero. Entonces se ordenó al arquitecto que en una de sus hornacinas de la nueva fachada pusiese al lado de las otras figuras consagradas por la devoción y la tra- dición. un sombrero de piedra como homenaje imperecedero a la generosidad anónima. De análoga manera. debiéramos perenniz;~r en alguna forma tangible la inmensa gratitud de la Nación. a todas y cada UIla de las manifestnciones de afuera y dentro de fas fronteras. en ayuda a la Biblioteca de Lima por más pequeña o aislada que esa ayuda hubiese sido. El Gobierno y el Pueblo de Estados Unidos hallábanse en situación excepcional frente a la situación entonces crcnda. No sólo por su potencialidad económica o por los dicta- dos de la política del buen vecino. Sobre todo. por el volumen y los alcances de su sis- tema bibliotecario. Desde que en la localid/ld de Peterboro. New Hampshire. se creó allá en 1833 la primera institución para dar lectura libre al pueblo. a diferencia de las biblio- tecas académicas o sostenidas por cuotas de los lectores mismos. bastante se ha caminado para llegar a las 17.000 bibliotecas de nuestros dias. muchas de ellas con edificios esplén- didos y tráfico incesante.. comparable al de las estaciones de ferrocarril o a las oficinas de correos. con un servicio siempre expedito. a cargo de un personal en muchos casos espe- cialmente entrenado en alguna de las 34 escuelas existentes y asociado a su vez en su mag- nifica agrupación profesional. Hay bibliotecas centrales y múltiples sucur5ales de ellas para adultos y niños en cada ciudad importante. algunas famo5as por su efici('ucia como la de Pittsburgh que dirige el se- ñor Ralph Munn. hoy nuestro huésped; y bibliotecas de Universidades. colegios. escuelas. bancos. fábricas. periódicos. hospitales y prisiones. Pero en la cúspide de este engranaje se halla la biblioteca nacional de Estados Unidos. la Biblioteca del Congreso de Washing- ton. Desde 1899. sólo tres veces ha nombrado el Presidente de la República al Director de esa Biblioteca: Herbert Putnam. que la hizo avanzar durante cuarenta años. Archibald Mac Leish. en cuyo corto periodo. de 1939 a 1944. circundado por la guerra mundial, se pro- dujo una amplia reorganización de servicios y Luther Evans que nació cuando ya Putnam estaba en funciones. Posee hoy la Biblioteca del Congreso veinte salones de lectura. casi siete millones de libros. diez millones de manuscritos. millón y medio de mapas. dos millones de piezas de música. cuatrocientas millas de estanterias. los papele..s de casi todos los Presidentes de Estados Unidos. desde Wa..shington hasta Coolidge. una sección especial para los paises de habla española y portuguesa en la cual ocupa función dirigente Francisco Aguilera. otro de nuestros eminentes huéspedes; y también secciones para Rusia. China. Japón. Cercano Oriente, India y temas aeronáuticos; y departamentos con creciente desarrollo dedicados al cinema. grabados, fotografia y lectura para ciegos. Sus tarjetas de catalogación impre- sas circulan por todo el mundo; semanalmente exhibe los más variados documentos escritos y pictóricos y ofrece los mejores conciertos de música de cámara. Dentro de su personal. cuéntanse numerosos consultores para el incremento de los distintos fondos bibliográficos. y para orientación del Gobierno. miembros del Congreso. eruditos y lectores de toda condi- ción. Junto con una larga serie de publicaciones administrativas y bibliográficas, edita un periódico dando cuenta de las actividades del personal de la Biblitoeca. Lejos de en-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx