Boletín de la Biblioteca Nacional N° 81 84

Se requiere una compra masiva de libros científicos, de las editoriales más progresistas del mundo, y sobre todo de libros científicos en español, pues qué nos hacemos con magníficos vol6menes en japonés, ruso, o polaco, si nadie puede leerlos, por la propia insuficiencia idiomática que padecen los lectores del país. Libros en español, en inglés y en francés, que traigan las novedades científicas y tecnológicas del mundo son fundamentales para renovar nuestros fondos obsoletos, los cuales deben ser dados de baja, sin más. Sobre todo hay que comprar libros sobre la metodología de las ciencias, tanto naturales como sociales, porque sólo así lograremos Ja renovación indispensable en la "inte- Uigentsia" de nuestro país. Concebir una Biblioteca Nacional, ·como mero repositorio de libros y actividades bibliotecológicas es un concepto anticuado y errado del papel de una Biblioteca Nacional. Anticuado porque hoy la Biblioteca extiende sus bra- zos, va en busca del le<:tor y no espera simplemente a que éste llegue, y errado porque una Biblioteca que no publica, que no suscita la cultura mediante con- ferencias, coloquios, forums, seminarios, exposiciones etc., es un ente muerto y sin vida. Precisamente para incitar a la lectura hay que promover actividades culturales y publicar y republicar libros raros y de difícil obtención. La Biblio- teca Nacional del Perú debe ser una palanca de la cultura, una promotora del desarrollo cultural, una escuela viva de conocimiento y de inquietudes, y no simplemente un depósito de libros anticuados que ya nadie quiere leer. Es indispensable dar el salto a la modernidad, buscar los medios e ins- trumentos de automatización, instalar uno o varios terminales de los bancos de datos que existen en el mundo, automatizar la información y el propio procesa- miento, ir más allá de los métodos conocidos para explorar nuevas y promete- doras posibilidades. La Biblioteca Nacional debe ir a la televisión, como alguna vez ya lo hizo, para anunciar sus novedades bibliográficas, para hacer conocer las nuevas ideas que van llegando del exterior, y al mismo tiempo, en un movimiento con- trario, ser verdaderamente nacional, es decir, extender sus redes por todo el país para recoger y conservar toda la producción bibliográfica de provincias que no llega a sus repositorios, y cuya mayoría, tal vez el 60% circula, por Jo caro de las impresiones, a mimeógrafo. Debemos recoger en todos y cada uno de los departamentos la producción bibliográfica local que se está perdiendo, así como la ingente cantidad de documentos que publica el Estado, en tipos o en mimeógrafo, y que constituyen el verdadero corazón de la marcha de la ac- tividad estatal. Es necesario salir de los cuatro muros de la avenida Abancay e ir por el libro, el folleto, el panfleto, el volante, y el texto mimeografiacfo. Pero aún hay que dar un salto mayor, el decisivo, el ya viejo local de la Avenida Abancay, que cuenta 38 años, resulta no sólo demasiado estrecho' sino que se halla ubicado en la Lima cuadrada, el sector urbano más contami- nado de Lima, atosigado de gases de los ómnibus, pleno de ruidos e incomodi- dades. La Biblioteca Nacional, como decía premonitariamente Basadre en sus memorias, debe salir del Centro de Lima hacia otro sector de la ciudad (¿El cam- po de Marte? ¿Las nuevas urbanizaciones residenciales?). Su local insuficiente, y su ubicación, le quita lectores, y le quita valor, pues se halla en la peor parte de ese caldero de irracionalidad, absurdidad y pobreza en que se ha convertido el centro de Lima. ¿Cuántos dejan de ir a la Biblioteca Nacional, en la tarde o en la noche, para no caer en manos de los maleantes, de los asaltantes o del 10

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