Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8
La profesión de Bibliotecario Charla dada en el Instituto Pedagógico de Mu– jeres, en el ciclo "Orientación Profesional", orga– nizado por la UNEC (Unión Nacional de Estu– diantes Católicos) femenina, para las alumnas que finalizan los estudios de Instrucción Media. Quizá muchas de Uds. se. sorprenderán al oirme decir, que voy a hablarles de una profesión nueva en nuestro medio, de una profesión que no hace dos años todavía abriera en el Perú la ruta de sus bellas proyecciones a muchas per– sonas amigas de la cultura. Me refiero' a la Biblioteconomía o ciencia de biblio– tecas, es decir, la preparación especial que se obtiene después de un ciclo de' estudios para la organización y administración técnica de. bibliotecas. Todos saben perfectamente qué es una biblioteca; el nombre es el mismo, conque hace muchísimos años se designara a una colección de papiros primero, manuscritos después y luego desde la invención de la imprenta a una colección de libros impresos, pero su sentido fundamental dentro de la colectividad, ha variado enormemente con el devenir de los siglos. Conocemos el rol importantísimo que han jugado 'las Bibliotecas en 'la his– toria de la humanidad. Basta para esto, recordar, como ejemplo, la famosa biblio– teca de Alej andría, que muchos años antes de N:SJ. reuniera a su alrededor a los sabios y hombres más destacados de la edad antigua. Miles .de años después y en un momento crucial para la historia del mun– do, cuando ya parecía que se apagaba la tea de la cultura ante la invasión pu– jante de los pueblos b'árbaros que arrazara con la civilización de Occidente, fue– ron los monasterios los que recogieron los, códices antiguos, en su anhelo de sal– var la cultura agonizanté. Simboliza,ron entonces ias bibliotecas monásticas ver– d¡¡¡deros cofres, donde se depositaron las joyas de una civilización que se tam– baleaba, y donde estudiosos y pacientes monjes, copiaban con maravillosas letras e ilustraciones los manuscritos, de cuyas páginas habría de' provenir, el reflo– recimiento de la cultura, en generaciones sucesivas. Pasaron los años; ya la cultura que partiera de las bibliotecas convenlma– les se había generalizado. Pero estas quedaron como olvidadas; parecería que las Bibliotecas estaban dormidas o aletargadas después del supremo esfuerzo he– cho para guardar el pensamiento vivo de otras edades, para dúlo después. Solo ofrecían su servicio a los pocos eruditos que conseguían ponerse en contacto con los libros después de tropiezos con los celosos guardianes, que impedían el acce– so a esos enormes rimeros de libros.
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