Boletín de la Biblioteca Nacional N° 59 60
25 Pero los hombres pasan y las instituciones siguen viviendo cuando están vin- culadas como la Biblioteca Nacional del Perú, a la solera de la nacionalidad y del destino histórico del Perú. Me place sin embargo hacer una excepción a la intención de no citar todos los nombres que debiera, por su entrañable ligazón al destino de esta Biblioteca Na- clonal: quiero así mencionar el nombre de Jorge Basadre, historiador de la Repú- bhca Peruana y restaurador ejemplar de ella después del incendio de 1943, y a tres jóvenes de entonces que colaboraron en rescatar joyas bibliográficas entre las ce- nizas y en levantar una nueva y técnica biblioteca: Ella Dumbar Temple, Alberto · Tauro y Guillermo Lohmann Villena, hoy figuras rectoras de la historiografía nacional. Para ofrecer siquiera una pálida imagen de lo que constituye el caudal de la producción histórica referida sólo a un momento culminante de la hi~toria perua- na o sea la etapa de la Independencia que en estos días conmemoramos, esta Bi- blioteca ha querido o se ha sentido en el deber de mostrarla en la exposición biblio- gráfica que acaba de ser inaugurada con ocasión de la grata visita de todos los presentes. En una u otra forma -como objeto o como sujeto de la historia- la Biblio- teca Nacional del Perú ha estado pues vinculada al proceso del quehacer histórico y esto explica el lugar y sentido del presente acto académico. Y de otro lado, la Biblioteca Nacional constituye la memoria del destino de la cultura de un pueblo, simboliza su capacidad de retentiva histórica, y contribuye decisivamente a señalar la huella del trascurso del tiempo en los surcos del testimonio escrito. JUAN GARCIA DEL RIO Y LA BIBLIOTECA NACIONAL, por Antonio Cacua Prada: Vengo, ilustres y distinguidos historiadores y literatos del Continente Ameri- cano y de Europa, a cumplir la honrosa designación de las Instituciones de Estu- dios Históricos Peruanos, y a confundir mi voz con todas las que se han levanta· do en estos días para exaltar la conmemoración sesquicentenaria de la Declara- ción de la Independencia Peruana, uno de cuyos momentos más justicieros es el de señalar la fundación de esta Biblioteca, hecha por Decreto del 28 de Agosto de 1821, que lleva las firmas del benemérito General Don José de San Martín y del Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Protectorado, don Juan García del Río, héroe del sitio de Cartagena de Indias y secretario del gran Libertador del Sur. Ya las dianas victoriosas de Chacabuco, Maipú, Boyacá y Carabobo habían ra- tificado la libertad de la Argentina, Chile, Nueva Granada y Venezuela, cuando entró a esta hermosa y romántica "Ciudad de los Virreyes" el ejército chileno-argentino para anunciar, en ese célebre 28 de Julio de Í821, por la palabra ardiente del glo- rioso San Martín: "El Perú es desde este momento Libre e Independiente por la voluntad general de los pueblos y por la Justicia de su Causa que Dios defiende". Un mes después, exactamente, se efectuó el magno acontecimiento de la creación de esta Biblioteca Nacional. Es aquí donde vemos la grandeza de nuestros próceres. La dura brega militar, que cada día nos causa más admiración y asombro, no fue óbice para que ellos comprendieran que si nos libertaban de España era para crear repúblicas que fuesen estados de derecho forjados dentro de las eternas normas de la justicia r'c la convivencia y del acceso de sus gentes a las fuentes de la cultura. Ern. ésie un estado del alma nacional. Dentro de la misma comunión de ideales, bien lo dijo el Fundador Civil de la República de Colombia, General Francisco de Paula Santan- der: "Si las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad". Frase que le mereció al gran Lincoln esta epigráfica recomendación: "La sentencia
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