Boletín de la Biblioteca Nacional N° 59 60

23 tos, del escudriñamiento de los enigmas del pasado y de la exaltación de las gran- des figuras que han hecho con su esfuerzo, con su tarea o con sus actos el contenido de una tradición que constituye la solera del desarrollo del país, de su presente pujante y empeñoso y de su futuro promisorio. No podría haberse escogido mejor lugar para cumplir este programa de home. naje, que el ámbito de la Biblioteca Nacional en que nos encontramos reunidos. Desde este lugar podría decirse se ha hecho la historia en el Perú. También podría afirmarse que la historia de esta Biblioteca se confunde con la historia misma del Perú durante todas sus épocas. Aquí se ha vivido, desde el siglo XVI, la preocupa- ción solidaria por elaborar, presentar y resolver los problemas de la cultura perua- na. Si bien fue el General San Martín y su Ministro el gran colombiano Juan García del Río quienes dispusieron el establecimiento de esta casa del saber, debemos remontarnos hasta el siglo XVI al momento mismo de la estructuración del Virrei- nato, pues la Biblioteca Nacional, creada en 1821, se constituyó a base principal de los fondos bibliográficos que se habían acumulado y que constituían los fondos de la bibolioteca del Colegio de San Pablo, creada por la orden de los jesuitas en 1568. Esta Biblioteca inicial y básica fue la más grande que hubo en América meri- d10nal y ella funcionó desde entonces con un organismo de promoción cultural, porque albergaba en su seno y en su mismo recinto, la primera imprenta traída al Perú en 1584, porque en su recinto funcionó un laboratorio científico con insta- laciones que fueron las más modernas de su época: el primer establecimiento de far- macopea de estructura también científica, y porque de allí salieron los más escla- recidos valores en el campo de la investigación y del estudio que hicieron de este solar de San Pablo un foco de irradiación cultural que proyectaba a todos los puntos cardinales de la cultura americana. Producida en 1767 la expulsión de los jesuitas, estas valiosas entidades queda- ron suspensas y sin sustitución. Al instalarse el gobierno de San Martín y procla- mada la Independencia, hubo de proveerse su restablecimiento. Por eso al fundarse la Biblioteca Nacional, se le agregó el Museo de historia y de ciencia natural que completó la tarea multifacética desarrollada en todos los ramos del saber. A raíz de la Independencia, la Biblioteca ha mantenido ese carácter básico de foco de proyección cultural, hasta la actualidad. No es afirmación aventurada ni retórica el sostener que la historia de esta Bi- blioteca Nacional ha trascurrido bajo un sino semejante al curso de la historia nacional. La Biblioteca vivió casi las mismas alternativas o vicisitudes que la Pa- tria. En los albores del año 21, fundadas las dos un 28, con treinta días de diferen- cia, entre julio y agosto, alojaron ambas el mismo optimismo esperanzado y a veces excesivo de todas las inauguraciones que se creen definitivas. Siguieron pron- to los reveses de la guerra -y con Lima reocupada por el ejército realista- sufre su primera devastación por obra de la soldadesca ayuna de respeto por la majestad del libro. En los trascurridos años de la primera república, comparte la Biblioteca las penurias de la Hacienda Pública mermada por el desorden y la anarquía pre- valecientes en el país. En los fugaces años prósperos del medio siglo -con Castilla y Echenique- se entonan sus recursos y empieza a adquirir la prestancia de instalaciones deco- rosas con mobiliario de línea de neoclásica opulencia, altos estantes un tanto hin- chados de maderamen, molduras y cornisas, sitiales individuales y butacas acoge- doras, aunque los libros no alcancen sino feble catalogación y los manuscritos escasa vigilancia. Se nutren estanterías con valiosas colecciones de libros y perió- dicos. El celo y el fervor romántico por la cultura alientan los proyectos de dirigen- tes de entonces. El país se cree supuestamente próspero y su Biblioteca Nacional también. Pero la verdad estaba divorciada de la creencia y el destino dio un vuelco de fortuna. El desastre del 81 desmoronó las ilusiones. La Patria invadida y la

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