Boletín de la Biblioteca Nacional N° 55-56
57 desprendimiento, con largueza, con desinterés podremos unir a la familia peruana para luchar por salir del subdesarrollo, eliminar la dependencia y, alcanzando la verdadera libertad de nuestro pueblo, forjar la nueva sociedad peruana que todos deseamos para felicidad de nuestros hijos. Un pueblo como el nuestro, caracterizado por su profunda formación cristia– na no necesita sino de un reencuentro y verdadera comprensión con esta doctrina, con su fe y con la práctica del verdadero amor a los semejantes para hacer posi– ble una convivencia armoniosa entre todos. Esa es nuestra más grande aspiración, queremos que en el Perú desaparezca todo cuanto es capaz de enfrentar al hom– bre contra el hombre y que éste sea una verdadera persona humana libre de todo comercio o manipulación ideológica. En la búsqueda de este propósito recibimos ahora una de las demostraciones más palpables de lo que se puede hacer cuando se posponen los intereses personales en aras del bien común. Cuanta grandeza, cuanta magnanimidad aflora en esta entrega para el Estado de una biblioteca particular repleta de joyas bibliográficas y documentos históricos que en adelante pertenecerán a todos los peruanos. En nombre de todos ellos y del Gobierno Revolucionario hago pública y per– manente nuestra inconmensurable gratitud para con el doctor Luis Alayza y Paz Soldán, y para su dignísima heredera señora doña Guenilda Alayza de Quiñónez, ejecutora de la voluntad de su padre. Como Ministro de Educación debo resaltar el valor educativo de esta entrega. El doctor Luis Alayza y Paz Soldán fue un educador, en el más amplio sentido de la palabra. Dedicó su vida al estudio del país, investigó en los arcanos de nuestra historia y en los avatares de su destino; después volcó su experiencia vas– tísima y sus conocimientos enriquecidos por el estudio, en sus libros, en los que palpita el Perú, sus hombres, su historia y sus costumbres regionales, sus ciuda– des, sus valles y sus costas. Es, pues un verdadero maestro: enseñó con la pluma y con la acción y aún ahora, decide con su actitud seguir educando con el acto que él realiza y en el que nuestra niñez y nuestra juventud tienen muestra im– borrable de una de las virtudes más singulares del hombre. Para explicar el amor, el servicio a los demás, se llenan muchas páginas de nuestros libros, pero que mejor serán aprendidas con esta clase de ejemplos. Por eso la Reforma de la Educación al señalar que la educación ética, cívica y religiosa que se imparte hoy está caracterizada por el intelectualismo y el memorismo, plantea la necesidad de evolucionar hacia una educación más dinámica y auténtica que sirva de apoyo a un nuevo régimen social. Las virtudes no solamente se deben aprender para limi– tarse a definirlas y repetirlas como si se tratara sólo de responder a una prueba de evaluación, sino que deben practicarse para que así la persona humana sea verdaderamente trascendente, se desarrolle integralmente y esté dispuesta a ac– tuar en beneficio de la sociedad como lo ha hecho el doctor Alayza. En nombre del Gobierno Revolucionario y en representación del señor Presi– dente de la República, en cuya persona se ha donado al Estado esta biblioteca, la recibo con júbilo y lleno de gratitud y me place ser portador del homenaje que la Patria le hace al doctor Alayza, imponiéndole, a nombre de todos los pe– ruanos que tendrán la oportunidad de aprovechar las fuentes de conocimientos acumulados a través de 70 años de incesantes estudios hechos por nuestro ilustre donante, por intermedio de su dignísima hija, la condecoración de "Servicios Dis– tinguidos" en su más alto grado. Este honor se ve acrecentado al colocar en el pecho de usted, dama heredera y ejecutora de la voluntad de vuestro padre, la misma condecoración en el grado de "Comendador". Señora Guenilda Alayza de Quiñónez, pido a usted hacer entrega a su querido
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