Boletín de la Biblioteca Nacional N° 55-56
52 primeros de 1822, y probablemente cuando todavía no arreciaba el temporal polí– tico que se agudizó a comienzos de ese año. Los pintores pintan con el pincel pero los escritores pintan Con palabras. Qui– siera en esta oportunidad, leer a Uds. la semblanza de un viajero que trató a San Martín en esos mismos días en que Carrillo lo pintaba, y cuya descripción vale como la explicación del cuadro que hoy hemos colocado. He aquí las frases del escocés Basilio Hall, marino que estaba de paso en Lima entre julio y agosto de 1821: "A primera vista poco había que llamara la atención en su aspecto, pero cuando se puso de pie y empezó a hablar, su superioridad era evidente. Es hombre hermoso, alto, erguido, bien proporcionado, con gran nariz aguileña, abundante cabello negro e inmensas espesas patillas obscuras extendiéndose de oreja a oreja por debajo del mentón; su co– lor era aceitunado oscuro y los ojos que son grandes, prominentes y penetrantes, negros como azabache; siendo todo su aspecto completa– mente militar. Es sumamente cortés y sencillo, sin afectación en sus maneras, excesivamente cordial e insinuante y poseído evidentemente de gran bondad de carácter; en suma, nunca he visto persona cuyo trato seductor fuese más irresistible. En la conversación abordaba los tópicos sustanciales y respondía con claridad y elegancia del lenguaje, mostrando admirables recursos en la argumentación ... " Han bastado pocos meses de estada en el Perú, en el ejercIcIo de la repre– sentación diplomática de su país, para que el nombre del Sr. Embajador Carlos José Caballero provoque la consideración admirativa de todos los sectores cultos del país. La exactitud de su juicio apreciativo, el enfoque certero de sus interpretacio– nes históricas, el estilo llano y directo, en que no tienen cabida galas retóricas inoperantes ni lugares comunes, caracterizan su palabra tersa y sustancial, índice de su cultura humanística. En ella va implícita su vocación de maestro universi– tario en la Universidad Católica de Córdoba. El rigor y justeza de su pensamiento revela de otro lado, la vocación jurídica de quien como el Dr. Caballero, ostenta el título de abogado recibido en la Universidad Nacional de Córdoba y ha desem– peñado además la alta magistratura judicial. Sus palabras más que las mías han de confirmar estas afirmaciones que no son lisonjeras sino la llana expresión de un juicio personal de quien ha escucha– do con admiración y deleite la autorizada voz del Sr. Embajador de la Argentina. Le agradezco vivamente en esta oportunidad, que haya querido aceptar la in– vitación para honrar nuestra tribuna. Estuardo Núñez. DISCURSO DEL SEI'ÍOR EMBAJADOR DE LA REPUBLICA ARGENTINA Agradezco, señor, sus amables palabras. Ningún mérito corresponde a esos elogios. Sé, sin embargo, que las dicta el amistoso sentimiento que siempre ha reunido a peruanos y argentinos. Por eso las acepto; manifiestan ese afecto que retribuyo con toda la hondura que merecen Perú y los peruanos.
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