Boletín de la Biblioteca Nacional N° 55-56
50 La imagen de San Martín reflejada en este histórico cuadro se debió OrIgI– nalmente al pincel del pintor limeño Mariano Carrillo, y se conservaba en el local de la Biblioteca Nacional del Perú. La generosidad del Banco Municipal de Bue– nos Aires, representado por su Presidente el Dr. Saturnino Montero Ruiz, nos permite colgar en lugar preferente la segunda réplica del original que nunca de– bió haber dejado sus muros. Creemos que no está lejano el día en que operando el reciente acuerdo de la reunión del CIECC, organismo de la OEA, se haga posible la restitución del original que hasta hoy permanece exhibiéndose en el Museo Nacional de Santiago de Chile. La réplica que ahora poseemos ha sido tomada de la copia que hizo el pintor Juan Cabral en 1905, del original pintado en 1821. Este cuadro debe ocupar lugar de honor y preferencia en esta institución, pues San Martín con clara e integral visión de estadista -que no sólo atendía a apremiantes exigencias de la guerra o de la economía, de la organización social o de la reestructuración administrativa y política en ese segundo semestre de 1821- fue leal a su preocupación intelectual y a su devoción por la cultura al r;rear el 28 de agosto de 1821 -cumplidos los 30 días exactos después de la pro– clamación de la Independencia-, la Biblioteca Nacional del Perú. Su intuición y sabiduría de gobernante lo indujo a considerar incompatibles la subsistencia de la libertad con la ignorancia y que el despotismo y la dominación se había afinnado en la incultura del pueblo y por ello crea un establecimiento destinado a ser el repositorio de la producción bibliográfica del pueblo peruano, cuyas puertas deberían quedar abiertas a todas las inquietudes por adquirir conocimien– tos y captar las excelencias del saber. La oportunidad -otro don del gran político- se mostraba también en ese acto legislativo creador. San Martín hacía de la Biblioteca Nacional de Lima una de las primadas de la Nueva América Independiente. Hasta ese momento, en toda América del Sur y Central, sólo se había creado la de Santiago de Chile en 1813 y aún se discute si ya lo había sido la de Buenos Aires. Por obra de la clarividencia de San Martín, el Perú hacía un acto de afir– mación cultural que estaba acorde con su tradición secular de patria antigua, cuna de civilizaciones avanzadas Con altas manifestaciones de exquisitez artís– tica, múltiple expresión cultural, sabio y ejemplar sentido de la organización social y política, cuyo ejemplo había penetrado profundamente en las nuevas ideologías racionalistas y liberales de la ilustración europea, que a su vez dieron contenido al movimiento emancipador americano. Muy escasos datos tenemos acerca del pintor Mariano Carrillo. Era un ar– tista mulato que se había dedicado a pintar retratos. Algunos personajes im– portantes de la vida colonial, inmediatamente anteriores a la Independencia, y tal vez algunos próceres y funcionarios republicanos estarían entre sus retrata– dos. Hace falta que algún especialista en historia del arte pictórico investigue más sobre su vida y obra, e identifique algunos otros cuadros suyos. Sabemos solamente, según José Flórez Araoz, que vivió entre finales del XVIII y comien· zos del XIX y que poseía una tienda situada en la esquina de la calle de Núñez, con la de Coca, en el lugar que hoy ocupa el edificio de la Cía. de Seguros La Nacional. El cuadro de Carrillo tiene el mérito de ser uno de los más fieles retratos del Libertador y tal vez el único que lo representa con el atuendo de Protector del Perú, con la banda de estadista peruano terciada. Debió ser pintado, por lo tanto, apenas establecido San Martín en Lima, en los últimos meses de 1821, o
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