Boletín de la Biblioteca Nacional N° 53-54

23 como lcgit im1 h:i~ta la libre aceptacion expresa., ó tacita de la comunidad. Este és el verdad~10 princípio de la legitimidad , . sob~e el que . tanto se h:i ddiber:i.do en nu~stros d1as. Smo se admite z cual es el título de las familias que actualrner,te reinan en Europa~ ¿Quién justificará la usurpacion de las uoas, la inju~ta conquista de )as otras , la iosercion de las ramas colaterales ó bastardas en lugar de Ja directa y legítima~ Solo la aceptacion , y Ja adquie– cencia posterior de las nacionts· A este princirio ticnt·n que recurrir los mas cdosos dro:fensores del pod1r absoluto , si Je han de dar un. tituJo , y un 01 ígtn válido- Sí: las naciones en siglos de ignorancia ó de i"Jcciones han adoptado el · régin1en despótico , ó Ja anarquía .feudal , que quizá es peor ; y este ~obier­ no per:-1icioso, 6 mas bitn esta negacioo de gobier– no, no ha podido, ni t·}J;btir ni consolidar~ sino por la aceptacion de sus víctimas. Los siglos pasan, las luc~s se aum~ntan , Jos put:blos se desengañaa; y reasumiendo el derecho dt la soberanía , que aun– que abolido to los l iliros , y en las instituciones , se conservaba en el indestructible instinto de los hombres , quieren , y quieren con mucha justicia , modificar el p~1cto social. ¿Quién les negará este de– recho? ¿ Q:.iién osará decir , que no es lícito. á un pueblo rdormar sus kycs fundamentales? Si el po– der absoluto empka pala irnredirlo la esrada y el patíbulo , Ja_ opinion serpea escondidamente, alguna masa de las que cümpcntn la asociadon toma la iniciativa , siguda el cuerpo entero de la comuni– dad , y el idolo cae bajo las ruin~s de su altar. Pero supongámos ya establecido segun Jos principios Constituc;onales el gobierno de t1n pueblo: supongámos aceptado y consolidado c1 pacto reprc-

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