Boletín de la Biblioteca Nacional N° 53-54

19 inicia en el Perú el culto del ensayo literario. El ensayo dialéctico o político había sido ya cultivado antes por González Prada, el sociológico por Francisco García Calderón y el histórico por Riva Agüero. Pero hasta el segundo decemo de este siglo, no había aparecido todavía en toda su plenitud un ensayista esté– tico y literario. Le toca precisamente a Valdelomar inaugurar este nuevo género de reflexión que no había tenido cultores anteriormente y al iniciarlo, cumple a Valdelomar comenzar una etapa que será memorable en la literatura peruana del ·Siglo XX. Se revela Valdelomar un pensador vibrante e inquieto, sutil y tmotivo, que señala precisamente Ia transición entre los ensayistas de la gene· ración de 1905 y la generacion posterior a la suya, en la que destacara José Carlos Mariátegui. La mayor parte de los ensayos de Valdelomar estuvieron des– tinados a un libro que quedó inconcluso y un tanto amorfo todavía, que prc– yectaba titular Fuegos fatuos· Esperamos que la próxima publicación de este libro nos permita abrir las posibilidades de un más íntimo y profundo conocimiento de su obra inte· gral, en la cual debe entrar como ingrediente precioso esa brillante creación reflexiva de nuestro autor. Obra intensa y extensa la de Valdelomar. Intensa por lo febril, incesante, persistente e indesmayable, volcada en diversos géneros, con premura inexplica– ble, sin borradores ni correcciones, brindada a la imprenta como salían de la pluma. Valdelomar tenía al igual que su gran amigo Mariátegui la intuición de: que no viviría mucho y se afanaba en crear sin tregua. En prosa es obr:t extensa la suya por lo varia y lo caudalosa, q'ue abarca todos los géneros, que no dejó ninguno sin experimentar en ellos, tarea que se abría en abanico y en ·una aparente dispersión vital que no respetó orden alguno ni se constriñó a mn– guna autocrítica. Valdelomar se daba íntegro hasta en sus cosas personales y hasta en su charla con amigos y desconocidos. No hizo como todavía era usual en su época, literatura de bufete ni de academia. Le importa..ban poco hasta las faltas de ortografía que a veces se encuentran en sus manuscritos, los que sólo corregía, si podía hacerlo, en las propias pruebas de imprenta. Sólo así se ex– plica que en sus 31 años de vida, haya dejado un caudal tan considerable cte producción, pues según los cálculos no bastan cinco gruesos tomos para con– tenerla. Hace más de 40 años, en 1924, al cumplirse el 5? año de su muerte, el Congreso Regional del Centro aprobó el proyecto de consignar una partida en el Presupuesto de la República pa.ra la impresión de las obras completas de Abraham Valdelomar por cuenta del Estado. Nada se hizo en esa oportunidad salvo una declaración de buena voluntad del Poder Legislativo. Años después, con ocasión del 10? aniversario de su muerte, abogaron algunos periodistas por que tuviera realidad ese mismo proyecto. Tampoco se logró ningún resultado. Ha trascurrido el tiempo entretanto y llegamos al medio siglo de la fecha de su muerte y no se ha cumplido ese propósito de editar las obras completas de Valdelomar. Hace apenas unos meses, la decisión generosa de varios escri– tores permitió ajustar un contrato para la edición de la obra completa de Abraham Valdelomar y se inició la impresión de varios volúmenes, gracias <il empeño de quienes hubieron de trabajar en conjunto para concretar el pro– yecto: Willy Pinto, Luis Alberto Sánchez, Alberto Tauro, Augusto Tamayo Var– gas y el que habla. Parecía que había llegado finalmente la oportunidad de poder lograr el objetivo tantas veces perseguido. Pero han surgido circunstancias que no son del caso detallar y situaciones fortuitas, imprevisibles, han detenido nuevamente

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