Boletín de la Biblioteca Nacional N° 51-52

del Periodismo Peruano" (Lima. 1967) lo menciona junto con ~u <·ongéncn· La Cotorra, sin mayor comentario, entre los periódicos "liberales'" de 1822. De todo lo cual -que no es mucho- podríamos proyectar la siguiente anotación informativa: Debate satírico entre los sistemas políticos monarquH·o y republicano con defensa [inal de este último y de la ane– xión de Guayaquil a Colombia. Seria ésta. por supuesto. una anotac10n redactada al modo medines('n. breve como tiene que ser, pero insuficiente por no aludir a los aspectos ideoló-– g1cos y emotivos que a la sazón configuraban la expresión escrita. incipienl'' -apenas libre--. del segundo año <le la República. 2. Anotación temático-crítica. Existe acuerdo unánime entre quienes van tras la huella textual de los primeros días republicanos de Hispanoamérica acerca del real valor histórico (¡ue tiene el acervo documental legado por el periodismo independista, cuyas hojas perviven por una milagrosa hazaña del papel impreso contra siglo y medio de ignaro desaprecio y de ningún afán de conservación técnica. Esto vale especial– mente para el grupo conformado por la que fuera curiosa flora y fauna perio– dística de aquella década. dicho sea en estricto sentido bibliográfico. ;, Quien redactó El Loro fue un monarquista teñido de francmasonería rlemoliberaloide, por el contrario, fue un republicanófilo hispanófoho y. sin em– bargo, acaso criptomonárquico? Porque el habla viva en este texto, aunque muy de mentidero limeño, es de buena cepa peninsular, punto que merecería tenerse en cuenta para juzgar con alguna luz la sinuosa dialéctica de su redactor (;.o redactores?), que va desde la enfática defensa inicial de la monarquía hasta la sardónica apología del general Bolívar, cuyo consabido elogio había de ser en– tonces de rigor público y notorio. Esta indecisa línea defensivo-ofensiva del sistema de gobierno demoliberal parece haber caracterizado al periodismo inteligente de la época y El Loro co– rroboraría, en cierto modo. lo que Raúl Porras recuerda, a propósito de don J oc;é Joaquín de Larriva, editor de "La Gaceta del Gobierno", al señalar que el inge– nioso satírico "encuentra un método hábil y sofístico para servir al Rey y a la Patria a un mismo tiempo, sin comprometerse". publicando. entre 1819 y 1820, "las proclamas incitantes de Cockrane y San Martín, anotándolas con tremendas impugnaciones", con cuyo método lograba que las proclamas fueran ·'leídas áYi– damente por los patriotos y las notas" resultaran, en cambio, "una dedada de miel para los godos". ;,Siguió táctica semejante quien redactara este semanario al impugnar. no sin alguna ironía, la tendencia monárquica, dando de paso cierto relieve a sus principios y al valor permanente de su tradición? Es un problema heurístico que podría ser dilucidado a base de un aparato crítico y de un arsenal historiográfico del cual, en este comento breve, carecemos. Pero el estilo anda– luzado, la frase tan inconfundible del peninsular adherido. si no consciente. ;oí subconscientemente, al régimen metropolitano, denuncian quizá un pseudorepu– blicanismo utilizado para tamizar un monarquismo convicto, aunque -por ob– vias razones- no confeso. En aquel periodismo que llamaremos emancipacionista hay que busc:1r -como en todo periodismo-- la vertiente doctrinaria J !a avalancha afectiva:

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