Boletín de la Biblioteca Nacional N° 5
5 derecha, él de la verdad. El autor pide, y nos hace pedir con él, a Dios que tenga lejos de nosotros el primero, pues hemos elegido el segundo. Si volvemos a contemplar ahora la viñeta, considerando ya las dos "ra~ mas" como "caminos" vemos que el de la izquierda, al comienzo ancho, vie- ne restringiéndose sobre todo allí donde da la vuelta hacia abajo, llevando directamente al fuego eterno. En cambio, el otro, estrecho al comienzo, se hace más ancho a medida que se acerca a la Cruz en el cielo. Aparece evi- dente que hay en esto un recuerdo de un conocido texto evangélico (San Ma- teo, VII, 13-14); con lo cual queda confirmado una vez más que de caminos y no de ramas, se trata efectivamente. También se nos presentará, a la me- moria la hipótesis de Harnack, aceptada por la gran mayoría de los críticos, según la cual las partes comunes de tres obras de instrucción religiosa del cristianismo antiguo, a saber, la "Instrucción" (Didakhé) de los doce Após- toles, la "Epístola de Bárnabas" y el "Pastor de Hermas" derivarían de una fuente común, perdida, pero que ellas permiten reconstruir en parte. Esta fuente sería un manual de instrucción moral y religiosa, posiblemente de re- moto origen judío, que trataría precisamente de "las dos rutas". Recientemente se ha presentc;.do también la hipótesis de que el misterioso "Hermas" conociese y aprovechase también el célebre apólogo de "Hércu- les a la encrucijada", que conocemos por medio de Jenofonte y al cual la tradición posterior atribuyó un sentido bastante distinto del que tuvo en la mente de su autor, el sofista Pródico. Pero en relación con "dos caminos" y "encrucijadas" se nos ocurren espontáneamente a la memoria los famosos versos en la descripción del ultratumba, de Virgilio (Aen. VI, 540 sgg.). Hic locus est, partis ubi via se fundit in ambas; Dextera, quae Ditis magni sub moenia tendit, Hac iter Elysium nobis; at laeva malorum Exercet poenas et ad empia Tartara mittit". A la derecha, está pues la ruta por la cual ha de llegar Eneas al Elisio y al Palacio de Dites; a la izquierda, aquella que recorren los malvados para ser castigados en el Tártaro. A la bifurcación se llega, después de haber pa- sado las aguas del Pantano Estigio y atravesado los "Campos del lloro". Pe- ro es evidente- como no dejan de observar los comentarios -que estos úl~ timos corresponden a la "pradera" en la cual Minos, Radamanto y Eaco juz- gan a los muertos, allí donde se juntan tres caminos, dos de los cuales condu- cen respectivamente a las "Islas Fortunatas" y al Tártaro, según el mito ex- puesto por Platón en la conclusión del Gorgias. Podrían también citarse, a es- te propósito, las "dos aperturas" en la tierra y en el cielo, por donde pasan las almas, después de haber sido juzgadas, en otro mito platónico, el de Her el Armenio, al final del libro X de "La República"; y el consejo que dan a las almas las "láminas aureas" órficas, de "tomar el camino de la derecha". Tenemos, desde luego, un camino, que a un cierto punto se divide en dos. Quien tratara de representarlo gráficamente. no podría a menos de dibujar una figura muy parecida a aquella de la letra Y. Sabemos que los pitagóricos la consideraron como sagrada. Y tenemos así la explicaci©n de la tercera leyenda de la viñeta, aquella que precisamente aparece como incomprensi- ble en l,a interpretación o descripción de Medina, formando el punto débil a que aludimos. En la viñeta misma es, sin embargo, interesante el elemento novedoso, en comparación con estas ideas antiguas, y que es cristiano. Consiste éste no sólo en haber presentado en el cielo la cruz, y en el infierno el fuego, así como en el recuerdo evangélico que se manifiesta en la forma de las dos rutas; sino en el hecho que, debiendo el infierno estar debajo de la Tierra, y el Cielo arriba, el dibujante tuvo que alterar un poco la forma de la Y, prolongando el rasgo de la izquierda y dándole por consiguiente el aspecto que segura~ mente contribuyó a engañar a Medina.
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