Boletín de la Biblioteca Nacional N° 49-50

[,os aportes culturales. 69 inicial que movió a Middendorf a realizar una ac– y tan intensa sohre el territorio y los problemas físicos y antropológicos del Perú'? En la introducción tlcl tomo de Die einheímischen Middcndorf declara que habiéndose propuesto el estudio del origen de las razas americanas y de Ja posibilidad de su procedencia asiática y en la esperanza de encontrar alguna luz para fundamentar una teoría sobre esa procedencia, por me-– dio de las comparaciones lingüísticas, empezó el estudio de las lenguas america– nas. Hay casi certeza de que este propósito inicial determinó sus recorridos por el territorio, si consideramos en primer lugar, la mayor preferencia y estimación que concedió a su obra lingüística, publicada de 1890 a 1892 y, en segundo lugar, el esfuerzo de investigación que aquella significó. Sus viajes se desarrollaron de 1884 y, por su parle, declara que en la época de la ocupación chilena de Lima ( 1880-1884 ), en la imposibilidad de desarrollar ac– tivamente su trabajo profesional o de viajar, empezó el estudio de las lenguas aborígenes del país (Perú, tomo I, introd.). No hay, pues, contradicción cuando afirma en la Introducción del tomo II de Perú que "el propósito principal del autor en sus excursiones y viajes por la costa peruana fue la búsqueda de ruinas incaicas y su eomparacwn entre como medio de enjuiciar las condiciones cul– turales del pueblo que alguna vez había vivido allí, antes de entrar en contacto con europeos". No obstante, alguna mente poco avisada pudo haberse llamado a la perplejidad entl'e dos declaraciones en que por un lado se afirma que fue– ron las ruinas y por otro los idiomas, la meta propuesta en su labor. Pero la obra misma de Middendorf nos <la la respuesta con claridad suficiente para ex– plicárnoslo todo. Persiguió original y consecuentemente el estudio de las len– guas. Mas para lograr ese objetivo tenía el convencimiento de que, dentro de los fenómenos antropológicos, el de Ia lengua hablada por las civilizaciones anti– guas no puede ir desvinculado de los problemas de la etnología ni de los de la arqueología. Así se explican, en su Die einheimischen Sprachen Perus los ca– pítulos prefacíales que sitúan histórica y etnológicamente a los diversos pueblos que hablaron las lenguas autóctonas. Pero si el examen de los monumentos arqueológicos dio fundamento y base firme parn sus investigaciones lingüísticas, también es de anotarse que éstas últimas pudieron conducirlo a históricas de sólida factura y de va– lidez indiscutible. Tanto en la introducción del tomo Ill ( 1890, pág. 3) como en la del tomo VI (pág. 2) de su Die einheimischen Sprachen Midden– dOl'f sostuvo que, contra la usual costumbre de llamar incaicas a las ruinas cos– teñas y la difundida creencia de que al Imperio Incaico había que atribuir todo el patrimonio cultural del Antiguo Perú, no era, apesar de ser ese Imperio el más poderoso y mejor organizado de los pueblos sudamericanos el único ni el más antiguo, porque ya antes o contemporáneamente habían alcanzado más alto grado de progreso y cultura otras razas costeñas y andinas, lo cual no bastó

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