Boletín de la Biblioteca Nacional N° 49-50
16 observaciotw:•; fi,,icac. Tan enormes volcanes euvas llamas se elevan frecuente– mente a LOOO rnclro:' de altura_ 110 h« podido n.unca producir una gota de lava (•¡uricntc: vomitan agua, gas hidrógeno :-;ulfurado, barro y arcilla carbonada. Desde 1í97_ toda cc:a pal'le del rnundo tcstá en agitación. Experimentamos a cada inst;rnle sacudidas espanlosas, y en ias llanuras de Río Bamba, el ruido subtcrr<Í– neo S(' pnrer:c a aquél de una montaña que se hunde bajo nuestros pies. El aire atm11::f'érico :· frie; l ic1-ra:: hú1nedns (todos esos volcanes se hallan en un pórfido tfo1wornpuesto) parPcen los grnndcs agentes de esas combustiones, de esas fermenta– ciones sublcrr,int,as. Se ha creído hasta aquí en Quilo que 2,470 teosas era la mayr¡r nltnra Pn la eua! los hombreo pudieran resistir al enrarecimiento del aire. En el mes de marm de 1802, pasamos algunos días en Jos grandes llanm que rodean el Yo 1 cún ;\ ntisana. a 2.107 toesas, donde !os bueyes, cuando lo~ eazau, con frccuc1icía \emitan :;angrc. El 16 de marzo rcconoeimos un camino sobre la nieve, una pendien!c ~uavc sobre la cual subimos a 2,773 toesas de altura. El aire ahí co1Úcnía 8.008 de ácido carbónico, 0,218 de oxígeno y 0,774 de ázoe. El termómetro de Réaurnur no estaba sino a 15°, no hizo frío en absoluto; pero ln ,¡;rngrc nos '"'.ia de los labios y de los ojos. El local no permitió hacer la ex– periencia rfo la brújula de Borda, sino en una gruta más baja, a 2,467 toesas. La intensidad de Ja' fuerzas magnéticas era más grande a esta altura que c11 Quito en h rclaeió11 de 2:-\0:: como 218; pero no hay que olvidar que con frecuen– cia el número de Ja,; oscilaciones aumenta cuando la inclinación disminuye, y que esta in!cnsidad <tllmenta por la masa de la montaña, cuyos pórfidos afectan el imún. En la expedición que hice el 2:~ de junio de 1802, al Chimborazo, he– mos prohado que con paciencia se puede soportar un gran enrarecimiento del aire: n<b pnsimos en marcha 500 toesas más alto que La Condamlne (en el Co– razón), y llcvamo." al Chimborazo instrumentos a 3,031 toesas; viendo descender el nicrcurin en el burórnetro a 13 pulgadas 15 líneas; estando el termómetro de 1'!3 bajo cero. s<ingr·arnos l2mhi<;n de los labios. Nuestros indios nos abandonaron como de co~tumbre· el ciudadano Bonpland y el Sr. Montúfar, hijo del marqués de Seh-·: Ale;;rc de Quito, fueron los únicos que resistieron; experimentamos to– dos un ma1e~l;1r, nna debilidad, unas ansias de vomitar que ciertamente provie– nen de la falta de oxígeno de esas regionef, más que del enrarecimiento del aire. No e11rnntré más que 0.20 de oxígeno en esta inmensa altura. Una grieta cspan– losa no.'i Ímlli<lió liel"ar a la cima del Chimborazo mismo, para la cual no no:o faltaba más i que 201;° toesas. Ud. sabe que hay todav-ía una gran incertidumbre acerca <le la altura de este coloso, que La Condamine no midió sino que de mu) lejos. dándt'lc ccrc<:l de :L220 toesas, mientras que don Jorge Juan lo coloca a ;),380 loe;as, sin que la diferencia provenga de la diferente altura que adoptan eso:< astrónornos ¡i:ua la ;;cííal de Carabourou. He medido en la llanura de Tapia una base de 1,702 inclros (perdóneme por hablar ya de toesas y ya de metros, H'CgÜn la naturaleza de m¡s instrumentos); Ud. prevé seguramente que al aplicar mis operaciones, reducini todo al metro y al termómetro centígrado, dos opera– Pioncs gcodé>;icas rnc dau un Chimborazo de 3,267 toesas sobre c1 mar; pero es necesario rectificar lo:' cálculos por la distancia del sextante en el horizonte arti– ficial. y ol ra" cirrn11:;;lancia;;. El volcán Tuguragoa ha disminuido mucho desde el lie1n'po de La Condamine: en lugar de 2,620 toesas, no lo encuentro más que de :.'.:J::ll. y me ;11ric:'go a ercer que esta diferencia no proviene de una diferencia de opcnw:6n. porque en mis medidas de Cayambo, Antisana, Cotopaxi, Hiniga a menudo no difiero de 10 ó 15 toesas de los resultados de La Condamine y Bou– guer. Después de todo, los habitantes de esas desgraciadas comarcas dicen que el Tuguragoa ha hajado a ojos vistas; al contrario, el Cotopaxi, que ha tenido tau fuerle.'i cxplo~iorH:>::'. ectá de la misma altura que en 17 44, y aun de algo mús,
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx