Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42

16 "titud en el servicio y por la elevación de su carácter" (68), pero estas son fra– ses muy convencionales y muy propias del artículo necrológico de las que forma– ban parte. Donde coinciden los biógrafos es que prestó servicios en las filas reales has– ta fines de 1821 (69) y, salvo la calumniosa y no probada afirmación de un libe– lista sobre los hechos que motivaron su apartamiento de las filas realistas, que por exagerados son increíbles, además que no hay documento que respalde ni re– motamente las afirmaciones de Manuel Atanasio Fuentes (70), debemos aceptar que Castilla, "a fines de 1821, hallándose acantonado en Pampas, acudió al lla– "mamiento ele la Patria, cuyos brillantes destinos parecían obscurecerse por la "inacción de las huestes libertadoras. Después de una peligrosa travesía por los "altos de Comas, valle de Jauja, y otras posiciones que ocupaban las tropas de La "Serna, vino a presentarse al Protector [San Martín], quien habiéndole examina– "do por varios días, cierto ya de su valor, y no enteramente confiado en sus miras, "le destinó a los Húsares de la Legión Peruana todavía en vía de formación en la "costa del Norte" (71). Tenía el grado de alférez. En lo antedicho no hay contradicciones, solo alguna duda sobre la fecha en que Castilla ingresó al servicio de la Patria, la que está despejada por la afirma– ción del propio Castilla en sus apuntes autobiográficos, donde expresa que' "en "febrero de 1822 perteneció al Ejército Libertador, presentándose a San Martín en "La Magdalena" (72). Es necesario recordar que en esos meses la situación de las armas revolu– cionarias no era brillante, muy lejos de eso, al extremo que pocos meses después San Martín tuvo que solicitar la ayuda colombiana. El Deán Valdivia es quien con más detalle nos relata el ingreso de Castilla a las filas patriotas, diciendo que llegado Castilla a Lima, "con el objeto de servir "a la causa de la Independencia, y se presentó al Supremo Delegado Torre Tagle, "y en seguida se fue a La Magdalena y se presentó también al Protector General "San Martín. Este después de haber examinado a Castilla, le intimó se le pre– "sentase diariamente, lo que verificó por más de 15 días, hasta que lo destinó al "escuadrón Húsares de la Legión Peruana, que era mandado por el Sargento Ma– "yor D. Eufemio Aramburu y salió en cuadro para Trujillo y Lambayeque, donde "debía aumentar sus plazas como se verificó en 1822. "Aramburu había estado prevenido por el Protector para observar la con– "ducta de Castilla; y como fuese patriótica y digna de un oficial, lo propuso para "teniente de dicho cuerpo, y obtuvo ese ascenso a fines de 1822" (73). Habiéndose publicado hace unos años,. entre 1946 a 1949, la Historia de la Revolución y Guerra de la Independencia del Perú desde 1818 hasta 1826 ( 7 4) del Coronel realista José Rodríguez Ballesteros (75), quien fue actor en las campañas del Ecuador, Alto Perú y Chile, en una edición prolongada por el ilustre histo– riador chileno Guillermo Feliú Cruz, un nuevo problema vino a crearse acerca de la incorporación de Ramón Castilla a las filas del Ejército Patriota, pues en esta importante obra aparecía que Ramón Castilla había caído prisionero de los patriotas junto con otros oficiales realistas, entre ellos Andrés de Santa Cruz, en la victoria de las armas patriotas obtenida el 6 de diciembre de 1820 en el combate de Paseo. Rodríguez Ballesteros había publicado la relación de los prisioneros y en ella figuraba el nombre del teniente Ramón Castilla, junto con otros nombres verídicos de prisioneros. Era la primera vez que los historiadores peruanos, a lo menos en este siglo, tuvieron a su alcance dicha relación y como las afirmaciones del cronista hispanochileno suelen ser veraces, su dicho, en lo que respecta a Cas– tilla, con reservas o sin ellas, empezó a ser aceptado (76), porque tomaba ciertos

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