Boletín de la Biblioteca Nacional N° 4

307 guerra; qué pena que para ella en más de un año sólo se hubiera aportado por los peruanos cincuenta y cinco mil soles ¡cuando el presupuesto nacional es de más de 440 millones! Pero nuestra Biblioteca Nacional volverá a ser buena y acogerá a quienes aún quieran saber algo: Su misma pobreza actual va a ser el mejor acicate para ayudarla y para que, reflexionando nosotros mismos, nos sintamos más y más obligados cada día para con ella. Ese sentir lo he palpado en estos días al solicitar ayuda. En muchos casos, la ofrecían de antemano. Porque sé, Jorge, cómo palpitas tú. desde hace muchos años: Jorge Gui– llermo Leguía se reía sonoramente cuando conversaba con Vidaurre, allá trepado en una escalerilla; cuando Raúl Porras iba a sus lecturas previas a esa salida para Europa en que yo leí un discurso que el propio Raúl logró de~ jar sin oyentes mediante una fuga de comensales; por todo ello, Jorge, quiero que vayan a tí estas líneas frescas de! optimismo que veo en los demás, jóve~ nes y viejos: En e! fondo de! alma e! Perú vive; y la dignidad, si bien está encubierta por el agua y por el lodo que muchos salpican, viye y alienta co– mo alentaban y clamaban luz esos documentos y libros que durante veinte días estuvieron olvidados bajo los escombros en mayo de 1943 y que los dia~ rios de Lima dijeron que no existían cuando hablaron del incendio total de la Biblioteca: Esos libros venerables que eran como la semilla bajo la tierra, como e! símbolo de la Biblioteca que ha de perdurar para ayudar a elevar el espíritu del Perú. Ese optimismo quería trasmitirlo a tí antes de vt1rte es– ta misma tarde: Creo que debe anunciarse siempre lo bueno de inmediato. Cumpliendo mi promesa para con los suscritores de la carta que a tí te enviamos ellO del presente, gústosos y de inmediato se han adherido a la co~ lecta el Dr. Francisco Graña, don Carlos José Salas y Perales, e! ingeniero Alfredo Málaga Bresani, mi padre don Enrique Dammert y mis primos Luis. Eduardo, Enrique y María Dibós Dammert, MigueL Luis y Alfredo Dam– mert Muelle, Augusto Dammert León, Fernando y Fe!ipe Elguera Diez Can~ seco. Conmigo somos 15. Nosotros ahora nos vemos poco ~hemos seguido caminos que avanzan juntos pero separados: unos por la tierra, otros por el mar. Pero hoy trataré en encontrarte. Mientras tanto mi vieja y decidida amistad de siempre. Tu afectísimo Enrique Dammert.

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