Boletín de la Biblioteca Nacional N° 4
306 Miraflores, 22 de Junio de 1944, Sr. Don James Baily Gallagher, Av. J. Prado 910 Orrantia. Estimado señor: Habiéndonos enterado por el diario "El Comercio" del domingo último de la erogación con la cual un grupo de caballeros coopera a la adquisión de libros para la Biblioteca Nacional, y que además tienen el propósito de colec– tar una cantidad no menor de veinte mil soles oro para contribuir a formar la Sección de Ciencias Sociales de dicha Biblioteca: considerando el prove– cho que para el pais representa el fomentar y generalizar el estudio y el co– nocimiento de las Ciencias Sociales, nos permitimos enviarle nuestros aportes respectivos a Ud. como integrante de ese grupo de jóvenes cuya inciativa es merecedora de todo elogio. De Ud. attos. y ss. ss. Isabel Trefoglí Elmore, Eduardo de Habich Trefogli, Edgardo de Habich y Palacio, Juan Languasco de Habich. Lima. Junio 23 de 1944. Señor doctor Jorge Basadre. Director de la Biblioteca N aciona!. Ciudad. Queridísimo Jorge: Cuando Luis Ortiz de Zevallos me buscó para tratar de conseguir una eficiente ayuda para nuestra humillada Biblioteca, le recordé los días tristes en que. a raíz del bochornoso incendio, pude ser útil para salvar del agua. del fango y de la incuria humana -muy estilo 1943- los libros, periódicos y revistas que aún existían y que, veinte días después del crimen, yacían do– losamente abandonados... Esos mismos libros, periódicos y revistas que según los croniqueros limeños "se habían perdido totalmente", .. Le recor– dé nuestras diarias visitas de entonces a los escombros y de cómo se salvó cuidadosamente montones de impresos, documentos y papeles virreinales; le conté de la máquina secadora que no llegaba a funcionar a pesar de que Roberto la hizo más grande que un elefante ya no párvulo ... y asi contán– dole y contándole, llegamos a conversar de nuestro Perú, de sus dolores, de sus defectos. de sus chismes y de todo aquello que significa esta tierra donde vivió y reposa mi madre: de esta tierra que tanto debiera esperar de sus hi– jos y que tan fácilmente puede llegar a otras alturas, especialmente las de la dignidad, la cultura y la justicia. Pero qué pena que sólo se estén alcanzan– do las equivocadas cumbres del dinero que todo lo corrompe cuando no es sabia y cristianamente empleado. Qué pena. Jorge, que a pesar de que hoy circula mucho dinero por nuestra América Española: qué pena que a esta Biblioteca que fundara San Martín con los tesoros bibliográficos de la épo– ca virreinal y que don Ricardo Palma volviera a crear con las cenizas de la ..
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