Boletín de la Biblioteca Nacional N° 37-38
Pequeña Guia para un Lector Extranjero del Inca Garcilaso Por Aurelio Miró Quesada S. I - BIOGRAFIA.- El Inca Garcilaso de la Vega, con quien se inicia ---por la cronología y el espíritu- la literatura del Perú indo-español-occidental en que vivimos, nació en el Cuzco el 12 de abril de 1539. Fueron sus padres : el conquistador español Capitán Garcilaso de la Vega (de ilustre abolengo en las letras y las armas 1 :1 la Princesa incaica Chimpu Ocllo (nieta del Emperador Túpac Inca Yupanqui y prima de Huáscar y Atahualpa). Al nacer el niño mestizo, se le dió el nombre familiar de Gómez Suárez de Figueroa, como aparece en todos los documentos relacionados con su vida en el Perú. En 1560, fallecido su padre, el mozo partió a España con el dinero dejado por el Capitán en su testamento para que fuera a estudiar allí; y con la esperan- za de alcanzar las mercedes que le correspondían por los servicios de su padre en América y por la restitución patrimonial de su madre. Fracasado este em- peño por la negativa del Consejo de Indias, proyectó regresar al Perú en 1563; pero no se sabe si se le denegó al cabo la licencia, o si simplemente, por motivos aún no aclarados, desistió de su viaje. Lo cierto es que pasó a vivir en Montilla, a poca distancia de Córdoba, al lado de su tío paterno Alonso de Vargas. Por breve tiempo participó en la lucha contra los moriscos sublevados en las Alpu- jarras de Granada, para lo que obtuvo despachos de Capitán, como su padre. Pero muerto su tío (que le dejó algunos bienes en Montilla!, fallecida su madre en el Cuzco, y transformada fundamentalmente la situación en el Perú (no sólo se habían apagado los últimos destellos del Imperio. Incaico, sino el mundo indi- vidual de la Conquista había sido reemplazado por la organización centraliza- dora del Virreinato), se radicó ya del todo en España. Sin posterior vacilación, se orientó definitivamente por el camino de las letras. Cambió también su nom- bre inicial de Gómez Suárez por el de Garcilaso de la Vega (así aparece desde 1563), al que añadió después el apelativo de Inca, que le correspondía como miembro de la familia imperial. Hacia 1591 se radicó en Córdoba, seguramente en busca de un ambiente más amplio, que le permitió un fecundo y constante contacto con los huma- nistas andaluces. Su autoridad moral y su vocación de historiador hicieron que hasta su residencia cordobesa llegaran a menudo cartas, visitas y noticias de la propia España y del Perú. Aunque no hay referencia suya, se sabe que tuvo un hijo natural <Diego de Vargas). Posteriormente, en fecha aún no precisada, lle- gó a vestir el hábito de clérigo. De su preocupación religiosa da prueba, además, rl hecho de haber comprado y adornado una capilla en la morisca Catedral
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