Boletín de la Biblioteca Nacional N° 35-36
23 Alrededor de 1678 o 1679, cuando la beatificación en Roma del Arzobis– po limeño Toribio Alfonso de Mogrovejo, ambos, convergieron en aquella. Allí conoció Montalvo al ya ilustre dominico P. Meléndez y teniendo iguales aficio– nes e intereses, trabaron amistad. Siendo escritores en el mismo idioma, posi– blemente intercambiaban sus borradores para mutuas correciones. Así fue como Antonio de Montalvo, entregó ciertos manuscritos en los cuales describía Lima, al P. Juan Meléndez. Pero ... dejemos que él mismo nos lo narre: "Para que nunca se me opongan como opuestos dictámenes los que manifesté en el juicio que hice al primer tomo de los Tesoros de Yndias del M.R.P. Maestro Fr. Juan Meléndez (En cuyo libro se hallará esta descripción de la Ciudad de Lima, por que habiéndosela comunicado, me fauoreció (sic) su paternidad de horarmela, ingiriendo mis borradores entre sus doradas y eruditas obras)"(~) Está claro, el P. Meléndez se apropió de la descripción de Lima que hiciese Montalvo y la incluyó en una de sus obras, y a su vez lo sorprendió solicitán– dole un juicio acerca del mismo libro en donde estaba comprendida subrepticia– mente toda una descripición suya. Al publicarse el libro Tesoros verdaderos de Yndias de Meléndez se dio cuenta aquél de la falacia, pero ya era muy tarde. No obstante, al publicar Montalvo en 1683 El Sol del nvevo mvndo dio a co– nocer de manera delicada el asunto (Los Tesoros . . . se publicaron en 1681). Y no como venganza, sino como una penitencia a la travesura, condenó al P. Me– léndez a ser el último de su bibliografía selectiva. En realidad, los capítulos XIV, XV y XVI del libro I de El Sol del nvevo mvndo son en el sentido cabal del término, una bibliografía escogida, selectiva; que los bibliógrafos modernos citan constantemente a manera de referencia fi– dedigna de los escritores del siglo XVI y XVII. Y es también verdad que el prin– cipal objetivo del presente artículo es el poner en evidencia esta bibliografía que pasa inadvertida al grueso público. La finalidad principal de esta entrega de Montalvo es honrar al entonces beato Toribio Alfonso de Mogrovejo, darlo a conocer como Arzobispo y como tau– maturgo y dar asimismo un discernimiento acerca del país en donde había transcurrido su vida. En especial, la ciudad de Lima en su aspecto político, cul– tural, social, geográfico, eclesiástico. De ahí que a nosotros nos interese sola– mente determinados capítulos, ya mencionados, por tratarse en ellos de los es– critores más sobresalientes del Perú de entonces y de sus obras. Por tanto, en el capítulo XIV -en el cual comienza la bibliografía (p. 79)– se continúa la materia del capítulo anterior y "se hace memoria de algunos clé– rigos escritores de la ciudad de Lima", es decir de los religiosos seculares dedi– cados a las letras. Naturalmente cita en primerísimo lugar al Arzobispo Toribio Alfonso de Mogrovejo, autor de Lima Limata y propugnador de la impresión del primer libro peruano. Luego, nos da muchísimas referencias bio-bibliográficas de sacerdotes seculares, verbigracia : "El doctor Roxo Mena, Cathedratico de la lengua Quechua en la Real Universidad de Lima, imprimió vn arte de aquella lengua ... " (Cf. p. 85). Esta gramática es casi desconocida entre los filólogos y quechuistas, y posiblemente exista en alguna polvorienta biblioteca conventual o parroquial. Como se puede observar en esta cita solo nos da el autor y una referencia bibliográfica, pero generalmente nos ofrece datos completos; refirien– dose al doctor Pedro de Reyna Maldonado : "Imprimió en Madrid el año 1622 un libro que intituló : Declaración de la reglas que pertenecen a la sintaxis para el uso de los nombres y construcción de los verbos ... " (Cf. p. 85). Incluye asimis- (3) Montalvo, Francisco Antonio. El sol del nvevo mvndo. Roma, 1683. p. 72.
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