Boletín de la Biblioteca Nacional N° 33-34
.9 a Lima después de que Hevia Bolaños imprimiera su citada obra, y a mayor abundamiento el lector verá la misma declaración de Solórzano" ( 0 ). A con- tinuación damos la declaración misma de Juan de Solórzano y Pereira : "Salí de Salamanca por fin del año 1609, proveido por Oidor de la Real Audiencia de Lima en el Perú, por la Magestad del señor Rey D. Felipe III" (H). Y la primera edición de la Curia -que criticó posteriormente el mismo Solórza- no- fue dado a luz en el año de gracia de 1603. Por otra parte, Juan de Solórzano no era un hombre tímido y escrupuloso, que tenía miedo de figurar, que le asustaba la publicidad, que se dejaba arreba- tar un libro pasivamente. Más bien -se entrevé en sus biografías- era un hom- bre de carácter cercano al impulsivo, cuando tenía algo dentro lo decía clara y francamente sin ningún subterfugio. Así el doctor Eguiguren, transcribe un do- cumento en donde Solórzano aclara al mismo Rey de España : "Si bien ahora ha salido un libro de un docto Moderno (Fernando Arias de Mesa) que dice haber aceptado a mi invitación la que él le dieron la Universidad de Nápoles, por no estar bien informados de lo que hubo en el caso" (Cf. Ob. cit. T. I. p. 409 J. Y luego con gran desparpajo recomienda al Rey no ordene hacer trabajos jurí- dicos en los cuales esté él abocado. Asimismo -Y con igual altanería- sostuvo querellas con el Arzobispo Mo- grovejo que en aquel entonces era temido. Lidiaba con Antonio de León Pinelo por la paternidad de la Recopilación de Leyes 0681). En el año 1616 se enemistó con el mismo Hevia Bolaños por haber sido comisionado para la crítica del Laby- rinto, y esta fue muy adversa, pues dijo que el título no correspondía al contex- to, "porque Labyrinto significa cosa intrincada y confusa". Un año antes había tenido un turbio lío con la policía: Ejerciendo sus funciones judiciales, percibió la tercera parte de una mercancía intervenida como contrabando (7) lo cual le valió una seria reprimenda del Rey, Felipe III : ordenando la restitución de lo tomado. Como se puede observar, hombres de la personalidad de Solórzano y Pereyra no son de los que guardan silencio ante la suplantación de una entrega jurídi- ca de la talla de la Curia Philiphica, y menos si el contendor es un insignificante portero de la Real Audiencia. Pero como en realidad tenía en su conciencia que Hevia Bolaños era el verdadero autor, guardó silencio con psicología especial para que así cupiese la duda para siempre. Y León Pinelo con su Epítome, despa- rramó esta duda que ha llegado hasta nosotros, infamantemente. Deseamos creer que Pinelo no fue víctima de los celos que los estudiosos a veces suelen tenerse, pues Hevia contemporáneo suyo y de oficio modesto, opacaba su gloria como es- critor y jurista. Retornando a nuestro protagonista, todavía incrédulos podríamos pregun- tarnos, ¿y cómo un simple portero pudo llevar a cabo la Curia Philiphica? Es muy sencillo, supongamos que Hevia tenía una inteligencia un poco más allá de lo común y corriente y se autoeducó jurídicamente desde muy joven siendo testigo en la Audiencia de toda clase de litigios. Es reconocida la habi- lidad de ciertos tinterillos hechos a base de práctica. Y además, en la factura de la Curia, Hevia Bolaños fue asesorado nada menos que por un Rector de la Universidad de San Marcos : "Era el Dr. (Juan de Soto) un hombre muy culto. (5) Eguiguren, Luis Antonio. Diccionario histórico cronológico. Lima, 1949. T. II, p. 849-50. (6) Solórzano y Pereira, Juan de. Política Indiana. Amberes, 1703. h. [1]. (7) Ayala, Javier de. Ideas políticas de Juan de Solórzano. Sevilla, 1946. p. 47.
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