Boletín de la Biblioteca Nacional N° 29
6 puede asegurar que este idioma haya sido o no el hablado desde los tiempos de la cultura, llamada Mochica por los arqueólogos de hoy. Sin embargo, es de suponer que siendo la cultura Mochica abuela de la llamada Chimú, el idioma calificado de "Mochica" proceda de tiempos remotos. Max Uhle consideraba que los Mochica, los antepasados de los Chimú, ha– bían venido de Centroamérica. Y hay evidentemente semejanzas curiosas; también en la toponimia de algunas regiones mesoamericanas y la de los Chimú. Pero el Dr. Tello destruyó la teoría de Uhle al hallar que lo Mochica no derivaba de Centro– américa, sino de una cultura anterior que floreció en la costa y sierra del Perú, que llamó Chavín. El autor de esta nota sostiene que fue la cultura que se califica de Chavín la que se introdujo en el Perú, procedente de la región mexicana. En esta forma se podrían comprender las semejanzas culturales advertidas por Uhle y el parecido lingüístico del Chimú, que parece resultar ser más estrecho con lenguas antiguas de Mesoamérica que con la lengua Quechua. De esta ma– nera lo que llamamos Chavín pudo introducir al Perú aquella lengua que super– vivió entre los Chimú, con los naturales cambios producidos por el tiempo y visci– situdes varias, y que habría sido transmitida, a su vez, por los Mochica, descen– dientes de los primeros y antecesores de los segundos. La cultura Chavín --que motiva confusiones por el nombre que ostenta y que con más propiedad debería con– tener una alusión a la circunstancia de representar la cultura introductora de la alta cultura- se introdujo precisamente por la zona norte, propagándose al Sur después de acentuarse pujante en Chongoyape, Cupisnique, Paramonga, Chavín de Huantar, Casma, Nepeña, etc. Todo esto lleva, por lo tanto, a considerar que en las variedades lingüísticas del habla de los descendientes Chimú hasta toda– vía un siglo, pudo estar presente un fondo ancestral de la lengua de los que in– trodujeron la cultura llamada Chavín. Es algo que no podrá jamás ser compro– bado de modo absoluto, pero no está demás señalar que existen argumentos que hablan en favor de esta hipótesis. II DERROTERO BIBLIOGRAFICO Esta bibliografía fue recolectada y empleada en el estudio titulado "El Reino Chimú", escrito por el autor en 1963. No puede pretender -como bibliografía al– guna- a ser completa. Con todo, puede decirse que en ella se registra la ma– yor parte de las obras sobre el tema. En algunos casos se ha citado obras de mayor extensión, en las que se en– cuentran algunos capítulos o tan sólo referencias al tópico Chimú. No ha sido posible ofrecer una valorización de las obras registradas; es tarea que dejamos para cada cual que quiera servirse de la consulta de las referencias anotadas. Con todo, véase las referencias en los Nos. 5 y 6 de nuestro derrotero. Las obras que se citan tratan acerca de diferentes materias tocantes a la cultura Chimú. Para mayor claridad se ha confeccionado un "derrotero biblio– gráfico", que comprende hasta seis secciones. Este Derrotero es de amplitud re– lativa, en vista de que en la práctica en una sola obra se dan referencias sobre varios aspectos históricos o arqueológicos. Se ha tomado en especial considera– ción, en estos casos, el énfasis o la especialidad del autor en determinado campo de los estudios Chimú. Así, por ejemplo, Middendorf queda registrado entre los que se ocupan de lengua de los Chimú, y no figura en cambio, entre los que ofrecen descripciones arqueológicas, a pesar de que ofrece, en la introducción a su obra sobre el idioma Chimú, una larga y concienzuda visión de Chanchán.
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