Boletín de la Biblioteca Nacional N° 29

84 Eiedson y José Jara en 1963; y esta tarde de 1964 venimos por séptima y trágica vez a despedir a un elemento positivo de la Asociación y de la Biblioteca Nacional. ¿Por qué esta serie de lutos sucesivos? No es la hora de la biografía ni de la historia fraternal de estos últimos 18 años. Clem ha sabido vivir. Ha sabido vivir ejemplarmente como hija, como hermana, como esposa y como madre. Ha cumplido como bibliotecaria, desde que fuera alumna distinguida de la 4a. pro– moción de egresadas de la Escuela Nacional de Bibliotecarios en 1947 hasta que asumiera funciones en el Departamento de Consulta y desempeñara durante nue– ve años el cargo de Administradora Jefe de Personal con una atinadísima y sagaz ejecutoria y, hasta hace unas horas, Bibliotecaria del Departamento de Bi– bliotecas Públicas de la Biblioteca Nacional, aparte de funciones eficientísimas que desempeñara en el fen~cido Centro de Documentación Pedagógica del Minis– terio de Educación Pública y en otras bibliotecas privadas. De Clem podemos sí decir que su vida fue plenamente bibliotecaria, que el 80 por ciento de sus horas diarias fueron dedicadas al trabajo y al problema bibliotecario. Ha sabido luchar– por su causa y ayer ha caído con honor. La Asociación Peruana de Bibliotecarios queda sin una orientadora experi– mentada y nobilísima, sin una mente clara, sin una militante ejemplar y señera, sin la mejor de las amigas. Clem se va sin haber dado todo lo que podía dar, de acuerdo con lo que hacía esperar su talento y su fervor profesional. Clem: Hace sólo seis días me dijiste : -Si no regreso, exijo por lo menos 15 días con corbata negra! Y saliste sonriendo del Departamento de Clasificación y Catalogación con esa amable máscara de tu dolor que fue tu constante ánimo alegre. Ahora, en la Asociación Peruana de Bibliotecarios, no te despedimos. Porque no te has ido. Con la conciencia sacudida por la sarcástica verdad de tu muerte, ante nuestro Dios en trance de esperanza, te decimos, sin poder sonreír, divisando desde ahora las colinas del valle de Josafat: -¡Hasta pronto, Clem, hasta pronto! Finalizó la ceremonia con las palabras de la Sra. Carmen Checa de Silva : Tócame también la dolorosa y tierna misión de despedir a Clementina. Así. afectuosamente como la llamábamos dentro de la gran familia bibliotecaria. Algo más de un año hemos laborado estrechamente unidas participando juntas de las experiencias e inquietudes que ofrece nuestro exaltado servicio. Ella era la via· · jera incansable del Bibliobús, quien prestaba al lector humilde el libro con ama·· ble atención, ella, quien con pícara tenacidad conseguía se compraran las obra.<; que sus lectores solicitaban. Siempre comprensiva y cariñosa con el personal del Fondo San Martín, supo obtener el afecto de todos, por ésto mis palabras son en nombre de ellos. No era para mi, Clementina tan sólo una colega cuando en Diciembre de 1962 inició su labor en el Departamento de Fomento de Bibliotecas Públicas.

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