Boletín de la Biblioteca Nacional N° 28
84 de nuestra querida consocia: Sra. Amalia Aubry de Eidson, jefe del Departamen– to de Niños de la Biblioteca Nacional. Es particularmente sensible para mí, dar el adiós de despedida a la com– pañera de labores de tantos años y amiga predilecta. Testigo de sus afanes y sa– crificios por llevar adelante el Departamento de Niños, al cual entregó hasta el último aliento de su vida. Bibliotecaria insigne, esposa y madre ejemplar, de excepcional valor hu– mano, rodeaba su figura el señorío y la gracia ¡cuántos niños recibieron su pa– labra orientadora que abrió rutas en sus vidas! Sus conocimientos profesionales y su afán de ayudar siempre los volcó ade– más, en su obra inédita "Bibliografía escolar e infantil" que será de consulta obli– gatoria, como lo fueron sus ideas y experiencias que sirvieron de base a las bi– bliotecas escolares e infantiles posteriores. Amalia: Tus hermanas de labores sabemos que tú no pueden dejarnos para siempre, que por los patios y corredores de la Biblioteca Nacional, veremos con los ojos del espíritu, desfilar tu figura grácil y sonriente y que en los momentos de incertidumbre escucharemos tu palabra cariñosa, tu consejo, que nos alentará en el cotidiano batallar, entre los libros que tanto amaste. Tu recuerdo será imborrable entre todos aquellos que tuvieron el privilegio de tratarte, especialmente entre tus colaboradoras inmediatas, para quienes mas que jefe fuiste madre cariñosa y justa y los niños a quienes entregaste tu corazón de madre escucharán siempre tu voz grave y querida relatándoles un cuento o leyéndoles un verso. La señorita Teresa Silva Santisteban, Jefe del Departamento de Rivistas y Periódicos, habló en representación del personal de la Biblioteca Nacional : Por designación del Director de la Biblioteca Nacional y en nombre de mis compañeros de trabajo, vengo a expresar la palabra triste y profundamente emo– cionada para rendir el último homenaje a nuestra querida colega Amalia Aubry de Eidson. Su sensible fallecimiento priva a nuestra Institución de uno de sus más dis– tinguidos funcionarios. Egresada de la primera promoción de la Escuela Nacional de Bibliotecarios, perteneció al grupo de pioneros que iniciaron la reconstrucción de la 3a. Biblioteca Nacional, después del incendio de mayo de 1943. Participó en todas las labores de la Biblioteca, allí donde fuese necesaria su colaboración, sin escatimar esfuerzo; pero donde sus cualidades personales dieron los mejores fru– tos fue en el Departamento de Niños. Como jefe, supo conquistar el lugar prefe– rente en el público infantil, que encontró en ella a la bibliotecaria inteligente, dis– puesta siempre a aconsejar y orientar a los niños, ciudadanos del mañana, digo orientar, con inteligencia clara y rectitud de principios, armonizando con su ca– rácter dulce y apacible, más aún con un corazón de madre, siempre dispuesto al amor, lo que dio una noble proyección a su trabajo. Los resultados de su labor, los alcances de su obra y las enseñanzas de su vida fecunda, no los enunciamos nuevamente porque nuestro Director ha dicho la palabra justa y merecida de quien durante 18 años dio lo mejor de sí misma para servir a su patria desde la primear casa de cultura, forjadora de un porvenir mejor para los peruanos. Y qué decir de tí como compañera y amiga mi querida Amalita? Son inexpresivas las palabras en el mundo de los afectos : estuvimos unidas por tan– tos ideales compartidos en el afán de cada día. Todos aquilatamos sus méritos; los que tuvimos la oportunidad de tener mayor proximidad en el trato frecuente, hemos sido testigos de su bondad excepcional, de su comprensión, de su concepto
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