Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27
El Río Mantaro en las crónicas relaciones y mapas sobre el Perú Por RAUL RIVERA SERNA Poca o ninguna importancia tendría aludir a las variantes que ha experi– mentado en el curso de la historia el nombre del río, desde el momento en que lo vieron y cruzaron por primera vez los españoles, hasta nuestros días, si el no calificara a un accidente físico que ha ejercido tanta influencia en la vida polí– tica y social de la zona central del país y aun en los destinos de éste. No nos proponemos tratar en detalle de tales influencias que son en gran parte de actua– lidad sino, reconstruir, muy someramente, las de índole militar que pertenecen al dominio de la historia. Las primeras alusiones sobre el particular correspon– den a los cronistas que narran las guerras civiles entre los hermanos Huáscar y Atahualpa. En el curso de ellas, el río sirvió como elemento ofensivo y de defen– sa a los ejércitos beligerantes, que se movilizaron hacia la zona central, desde el Norte y desde el Sur, respectivamente. Y, ocurrió lo propio, según nos lo refiere el cronista Sancho, durante la penetración española en el Perú. En el proceso de nuestra emancipación fue no menos decisiva su influencia en el vaivén de las luchas militares. Sus márgenes y su mismo curso sirvieron como medios de contención del ataque enemigo o de protección a las poblaciones indefensas. A este lapso corresponde, precisamente, la acción temeraria prota– gonizada por las hermanas Toledo. El General Valdez, enviado desde Aznapu– quio para reforzar las columnas de Ricafort, pretendió cruzar el río a la altura de Concepción, pero fue rechazado desde la banda opuesta por las hermanas To– ledo y la indiada parapetada allí. No obstante el rechazo, insistió en el ataque al día siguiente con una columna de Húsares y aquí ocurrió lo inesperado : una vez aquellos en el puente, los indios lo cortaron y los soldados cayeron al río. Val– dez llegó hasta Huancayo en busca de un vado para atravesarlo, pero no consi– guió su objetivo. Ayudado por Ricafort lo hizo más tarde y se dedicó a vengat el patriotismo de los pobladores de la otra banda. Acantonado el ejército realista del centro en el extenso valle del Mantaro a órdenes del General Canterac, después que el Virrey La Serna se viera precisado a abandonar Lima, los primeros días del mes de Julio de 1821, el río sirvió, indis– tintamente, los intereses del bando realista y de la indiada patriota, posesionados en sus márgenes. Después de la acción de Junín, el ejército realista derrotado huyó precipitadamente hacia Tarma, Jauja y Huancayo y luego de atravesar el río Mantaro a la altura de Mayoc y destruir el puente para evitar el ataque pa– triota, se internó en los departamentos de Huancavelica, Ayacucho y Apurímac. Fue pues, el río, el que favoreció la retirada realista.
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