Boletín de la Biblioteca Nacional N° 25

31 Y Honorato Vásquez y Crespo Toral, que lo son del Ecuador. Guatemala le acom- paña con el máximo prosador de Centro-América -José Rodríguez Cerna- y con sus grandes poetas jóvenes -César Brañas y Aceña Durán. De Santo Do- mingo me acaba de llegar por cable el corazón inmenso de Fabio Fiallo. Tocan- te a Cuba, me basta la mancomunidad doctrinaria con Arturo R. de Carricarte -el gran Maestro- y la adhesión espiritual de Fernando Llés -gran Ensa- yista- y de Agustín Acosta -gran Poeta. No, amigo mío. Caso no ha estado solo. ¡Yo no lo estoy! En Costa Rica me basta contar con la simpatía ideológica de don Elías Jiménez Rojas, para dar un nombre respetado por todos. Conmigo están todos los nombres de pres- tigio continental, que ·no lo han ganado envueÍto en fáciles propagandas políti- cas de barata popularidad. Y lo digo no con soberbia, sino con satisfacción tranquila, al ver que los intelectuales puros de América saben colocarse y unir- se por encima de las más encontradas pasiones. Como para dar al respecto. una lección, que debieran aprovechar en Méxi- co muchos de los que les combaten, cuatro de los intelectuales más sobresalien- tes de la política destruida por la Revolución de que yo fuí el "Verbo", en vez de haberlo sido los que me insultan hoy en nombre de ella -calzan con sus firmas el más generoso cablegrama en favor de mi libertad;- usted conoce los nombres de ellos, seguramente: Federico Gamboa, gran novelista; Victoriano Salado Alvarez; gran historiador; Querido Moheno y José María Lozano, gran- des tribunos, que compartieron con Jesús Urueta el cetro de la palabra de oro. Si no conoce Ud. esos nombres, conózcalos. Mi pluma no les hizo sino daño, grave daño; vénganse hoy haciéndome favor. Debieran los intelectuales de nues- tra América -Y especialmente de la tropical- aprovechar tal lección y sobre- poner a los apasionamientos latinos, un poco siquiera de la tolerancia sajona ... Sólo una voz morijeradora alcancé a percibir en la otra banda, por lo que a ideologías se refiere, en los momentos de mayor exaltación personalista; y esa voz fue la de Ud., que recogí en una nota aparecida al pie de una carta de Lugones. Ruégole, por eso, dar la muestra de tolerancia -que ojalá sea aprovechada!- de publicar estas líneas rectificatorias, sin que para ello tenga que invocar el derecho que me concede la Ley de Imprenta de cualquier país culto. Y para concluir, cumplo cori manifestarle que sí un escritor de contraria ideología hubiese sabido invitarme a ello -como se lo digo a cierto penalista español- yo no hubiese reparado en ofrecerle que mi primer acto, al recuperar mi libertad, sería el de irme a arrodillar ante la tumba de Elmore, cuya muerte lamento más sinceramente que los que la explotan, para pedirle perdón por lo que, sin embargo, Dios, él y yo sabemos que no intenté hacerle; pero como todo es- critor de ideología contraria a mí lo único que ha acertado a hacer es calum- niarme y a difamarme, tengo que. verme obligado a ofrecer que mi primer acto libre será la publicación de un libro, con el título de Mi proceso y mi ideario -sobre el que tengo arreglos pendientes ya con cinco firmas editoras de Es- paña- y en el que haré conocer. los detalles del uno y los principios del otro, a fin de evitar el que se siga falseándolos por quienes ponen su pluma siempre a la orden de las pasiones, en lugar de ponerla alguna vez a la de la recíproca tolerancia, para mayor provecho de los comunes intereses de la Raza. afmo. Ya usted sabe que, ideologías políticas aparte, soy invariablemente suyo José Santos Chocano "Repertorio Americano", San José de Costa Rica, 18 diciembre 1926, XIII (23): 356-357; "Excelsior", México D.F. 20 diciembre 1926.

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