Boletín de la Biblioteca Nacional N° 25
9 Debo decirte que le mandé a Enrique Bustamante hace tiempo un artículo para el concurso literario de la Nación, pero recomendándole absoluto secreto, pues tenía vehementes deseos de ganar el concurso para demostrarles desde aquí a mis compañeros que cuando me presenté a la presidencia del centro no me creía tan imbécil. El cuento se llama El caballero Carmelo y en él hago una relación de uno de los incidentes de nuestra vida en Pisco. Como verás allí hablo de Roberto y de todos. Enrique me dice que es muy posible que me lleve el premio pues los tra- bajos mandados son muy inferiores al mío. Ojalá que la suerte me favorezca que este pequeño tri.unto es tuyo más que mío; pues hace mucho tiempo que todo lo que escribo es por tí y para tí. Conque te gusten a tí mis cosas estoy feliz. Cuánto me alegro que mi retrato te haya gustado. Me parecía que no te iba a gustar y hasta quería hacerme otro, pero ya veo que me encuentras bien. Ojalá te sigan pagando los artículos al mismo precio pues no me parece mal. Hay que conformarse. Estoy esperando de· un momento a otro que me paguen el resto de mi sueldo de Génova para poner las encomiendas y comprar algo que me falta. Tengan paciencia. En este momento recibo tu segunda carta, por ella veo que no has recibido carta mía quien sabe las recibirán juntas. Yo sigo pasando mi vida aquí tranqui- lamente, pues recién el 29 habrá el primer baile al cual voy a asistir, espero que i;ea un baile grandioso pues con él se abre la sociedad en este invierno en Roma. Allí conoceré a toda la nobleza romana y al cuerpo diplomático al cual aún no conozco (sic) mucho, pues no ha habido ocasión ni fiestas. El primero de enero te haré un cablegrama y otro al presidente. Ya comienza la vida interesante en Roma, ya se nota un gran movimiento. Yo estoy ahora, en las horas que me quedan libres de la Universidad y de mis escritos, aprendiendo la esgrima y no te vayas a reir, el tango argentino, pues aquí no se puede ir a sociedad sin saber bailar especialmente el tango pues no se baila otra cosa. Dile a mi viejo que sus boquillas que me pide irán' todo con las encomien- das de las muchachas. José de la Riva Agüero debe llegar el viernes con su mamá y su tía. Me alegra mucho porque así les podré devolver todas las atenciones que me hicieron en el viaje. Además es un orgullo para nosotros poder presentar aquí en Roma a un hombre como Riva Agüero tan culto, tan inteligente y tan serio. Aquí está también Eduardo Du Bois, un joven de las mejores familias de Lima, pues es el hermano de la señorita Du Bois que se casó con el doctorcito Olaechea y que son dueños ele la casa de piedra. Yo desde Lima lo conocía pues me lo pre- sentó Willy de quien era muy amigo. El es muy distinguido y caballero y formal y aquí casi siempre vamos juntos a los paseos y a los teatros. Recibí las encomiendas; todo ha llegado bien. Ha venido lo siguiente: cuatro paquetes de chocolate; el libro de Seoane, un costalito de café y una latita de limones. No mandes dulces que se puedan deshacer pues no llegan bien. Es decir los limones ya nos los estamos comiendo con el Dr. Rada y su señora que tanto te quieren y Valdizán, otro muchacho que es muy bueno conmigo. Pero es mejor mandar cosas secas, aunque sean dulces. Lo que pasa con los limones es que la humedad los pone un poco mohosos. Sería bueno cuando los ponen en la caja ce- rrarlo herméticamente y soldar la caja. Así la humedad no les hace daño porque el aire no se renueva. El chocolate y el café lo tomaremos el día de Pascua en tu nombre y el pri- mero de enero a las doce de la noche yo haré abrir una botella de champagne para beberla con los peruanos por la Patria, por tí y por la familia del Presidente. Recibe viejecita mía un abrazo muy fuerte de tu hijo que tanto te extraña y que sólo piensa en que no te tiene a su lado. Cuídate mucho y no olvides a tu hijo. Abraham"
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