Boletín de la Biblioteca Nacional N° 24

72 su historia de los más íntimos minutos, la Biblioteca Nacional. El valor de he Biblioteca depende de personas como él. En su vida hubo pues un merecec constante. No, su vida no es ahora perdida. Continúa en la Biblioteca que éi amó, en la cultura que él conservó y difundió. en los libros que ya están escrito:' y en los que se escribirán mañana, en su familia de lectores, que juntamente con su memoria, recibimos ahora con veneración el bien testamentario de su Psfuerzo y su bondad. Es mucho lo que todos los servidores de la Biblioteca debemos a Jorge Moreno. Frente a su vida, que conservamos en nosotros, nada podemos hnccr para pagar nuestra deuda; nada. excepto. como quería Antonio Machado a la muerte de su maestro Giner de los Ríos, hacerle un duelo de labores y espe·· ranzas. Carlos Cueto Fernandini Ante la fúnebre imponencia de este ataúd que encierra los restos pre - ciados de un ser querido, evocamos con acento de dolor la ausencia del que fuera en vida un padre ejemplar, un digno esposo y un hermano para sus ami– gos, no sólo en la labor cotidiana sino también en los momentos más difíciles y de desgracia, que con su bondad y cariúo supo siempre mitigar las circuns– tancias de pesar. Modesto y sencillo en todos los actos de su vida, con cualidades preciadas que caracterizaban su labor diaria dentro de nuestra primera institución cultu– ral, siempre sereno y perseverante dio su vida en provecho del desarrollo ascen– dente de la Biblioteca Nacional. siendo uno de los pilares en la tercera restau– ración de ella, y hasta el último día de su vida dentro del anonimato, desplegó todas sus energías, no sólo en In restauración sino también, sembrando semillas para el futuro, encarnando las ideas del amor al t.rabajo, cumplimiento del de– ber y responsabilidad plena en el desenvolvimiento de su obligación. Con la desaparición de nuestro querido colega, queda también trunco UH valioso aporte a la cultura, ya que deja inconclusa su Iconografía Nacional, así también nos resta un amante de las bellas artes en la especialidad de la escul– tura: pues, la ley inexorable de la vida, ha querido que así sea. Yo que he tenido la dicha de ser antiguo amigo y de compartir contigo las intimidades del afecto que pocas veces se prodigan en la vida, estoy aquí para cumplir el triste y honroso deber de dirigirte mis palabras de despedida JORGE, bienaventurados los que mueren rn el Señor, porque de ellos es el reino de los cielos. El que cree en mí. ha dicho Jesucristo, no morirá eternamente. por cuanto los espíritus vivificados en Dios, se identifican con El, y por lo tan - to no mueren. Jorge Moreno Flores, viviste en Dios, y en Dios permaneciste, por eso no morirá tu recuerdo, sino que será eterno. Jorge, descansa en paz. Andrés Viccina SEÑORES: Para quienes laboramos en la Sala de Humanidades de la Biblioteca Na– cional, y que, jóvenes aún, fuimos encargados a quien perdura en Dios en este momento, imposible nos será olvidar su acción bienhechora.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx