Boletín de la Biblioteca Nacional del Perú N° 23
18 EL CURA DE LA DOCTRINA DE ONDORES A SUS ¡¡,E'LIGRESES Desde el aciago instante en que el Ejercito Español ocupó las inmediaciones de vuestro natibo suelo, solo vosotros habeis s:do el esclusivo objeto de mis mas tiernas meditaciones. Mi incontrastable atención á la causa de la Yndependencia calificada con pruevas tan manifiestas como lisonjeras á mi corazon, atrájo sobre mi toda la saña de aquellos sátrapas, que humillados en los campos de JUNlN por las :nvictas 1 ropas de la Patria acaban de esperimentar en este primer ensáyo el castigo devido á su ecsajerado orgullo. En el temoso? empeño que tomaron en perseguirme, sordos á los gritos de la humanidad, no .hubo vejacion por onero~o que puec'.•a figurarse, que desaforadamen- te no la hubiesen empleado en mi persona, para hacerme sentir á toda costa cuanto la separacion de vosotros y el cordial amor que por multºplicidad de causas os con- signo, tenían para mi de mas amargo en tales c.ircunst&ncias. Nada apuraba mas la copa de mis aflicciones, que el no poderme consentrar como Pastor solicito al apris- co de mis cáras obejas, por que reconocido á la clase de pricºonero, despues <le otras privaciones que escusa analisar por no incrementar mis lastimeros ayes, y los vues- tros mis acciones aun mas indiferentes eran jusgadas con un rigor catoniano, y mi individuo espiado COI\ la misma diligencia con que el ávaro de la .inmóvil al lado de su tesoro, cuyo ídolo con imprudente mengua de su especie avasalla el precioso don ¿,e sus potencias. Consternado con las tristes ideas que me ajitaban nunca pude persivir la de que vuestro Pueblo, vuestros hogares, esa Yglesia, en cuyo costoso reparo tubo no menos parte mi zelo, que vuestros sufrajios, y trabajo hubiesen sido deborados por las lla- mas á que con depravación onusada los condenaron esos nuevos Atilas, obstinados en dcbastar todo lo que está al alcanse de la ferina rabia q.µe con oprobio de si mismos los distingue del resto c'.re semejantes. Cuando llegó á mis oídos este funesto acontesimiento os confieso sm ponderar, que mi dolor no tubo tasa. Su intencºon propaso con mucho la capasidad de mi su- frimiento: fué superior á mi esprecion; en los transportes de mi angustia me resolví á calificar por un axioma incontravertible en la espaciosa esfera del mundo polítºco, que el Español es un ser inaccesible á los dulces estímulos de la misericordia, é in- dulgencia, una alimaña que se complase en la ruina y esterminio ajeno, último grado á q-.1e puede subir la crueldad; un León famélico, cuya feroz condición jamás 12 v po- drá imitar la noble magnanimidad del Águila. Bien recordareis que tan luego que el Ejercito Libertador os levantó con su .ns- pirada presencia del abismo de congoja en que yasiais sumidos, á la cumbre de qna inefable alegria me trasladé presuroso á vuestro seno. Colocado entre vosotros que sois el risueño móvil de mis afectos fué mi primario deber desde la Cátedra Santa del Evangelio enjuga1' vuestros soll01Sos, fortialecer vuesltra atenuada paciencia, alentar vuestra confianza, inspiraros consuelos, dictaros consejos, no menos saludable y pro· píos de la religión á que teneis la gloria de pertenecer, que bastantes a calmar la dureza de vuestros agúdos males, y persuadiros por último con todo los esfuerzos de que soy capáz, vuestra constante adhesión y connato por la conservación de los de- rechos de la Patria que tan cerca os tocan, y por el mas plausible suceso de sus brillantes armas. Este es el epilogo de mis ecsortaciones Parroquiales y este el lenguaje <le los fa- miliares coloquios que en los cortos días que entonces permanecí con vosotros, escu-
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