Boletín de la Biblioteca Nacional Nº 22

2 DE JUAN PARRA DEL RIEGO * 1 No sé a qué atribuir, si a un desastroso serVICIO de correo, o a un raro humo- rismo de tu parte, eso de que me digas de que mis cartas no llegan. Te he escrito ya dos. Una, a prop6sito de la gran noticia que nos daba Canal, y en la que te ampliaba mi alegría enorme por este rasgo de inteligencia V de calor de nuestro amigo; la otra, era en verso. Una epístola vertiginosa y azul. Felizmente sc me ocu- rri6 guardar copia. De modo que va ves, no cs pereza, no eg abulia, no es falta de cordi;¡lidad con el mejor coraz6n de hombre que he encontrado en mi vida: con el tuyo. Apenas me comunicaste lo de Canal de Feijoo, la mina se puso a trepidar. Lc escribí a él. te escribí a tí. En las dos hablaba con vehemente sinceridad de todas las extraordinarias cosas de este mundo bello v amargo. En la de Canal hacía el de- sarro11o del optimismo como doctrina absolutament~ subjetiva. Es decir, le robaba lo falso y lo miserable del optimismo que determina las cosas exteriores v materiales; v lo convencía del otro, de calidad más seleccionada v anhelante, del que aparece como un resultado de ardientes v continuos contactos de espíritu. Esa fuerza v esa belleza que dan la trasmisi6n dé otro espíritu; de sentir, tensos y activos, millones de eléctricos hilos de sensibilidad uniendo a tantos hombres en algo tan grande v tan maravilloso como es el culto interior de la perfecci6n. . Me alegro que aún con la posibilidad de no haber recibido cartas mías me ha- van venido dos tuyas. Yo siempre he creído en tu frente v en tu alma. También "pese a la sombra, pese", pese a bachilleres cretinos v barberos hip6critas, va sé que tu estrella no es de las que se alcanzan con anteojos de te;¡tro. Oreo en tu fuerza. Creo en tu risa. Creo en tus ojos. Creo en la duraci6n defintiva de tus poemas. No me ha sorprendido por eso esta actitud de tu parte que tiene tanta elegancia v tanta delicadeza con el amigo enfermo y remoto. No he trabajado mucho. Pero algo ·va saliendo. Me mascan miserables y noctur- nas preocupaciones respecto a cosas de mi vida, de esta mi vida donde hay un exéntrico que avanza empapado de luna y de sangre golpeándose vertiginosamente en almas v cosas y sueños. Mal, mal, muy mal, estoy. hermano. Pero. calla. No te digo para que me consueles. Odio la lástima. Te digo ésto porque tu tienes el único hombro don- de mi cabeza puede caer sollozando sin vergüenza. Ahora resulta que estoy funda- mentalmente enfermo del hígado, del cochino, misterioso y volteriano hígado. ¡Pobre Voltaire! Viendo otra vez este campo uruguayo de serenidad y fuerza que sólo conoce el paseo de las grandes nubes, he pensado que, en verdad yo aún no he escrito la página fragante y poderosa, la gran página que alguna vez tengo que escribir sobre tus églogas. ¡Bravo por lo de "El Mar"! Yo he hablado entusiasmado hace tiempo de la Geología Bio16gica. Ahora pienso en lo posible que es, contigo, una Geología Poé- tica, es decir, algo que fuera el panorama geológico de todos los sueños y la belleza de las cosas. He concluído en pensar que s610 es interesante, necesaria, viva la cien- cia que se basa únicamente en lo que se refiere a las necesidades y los sobresaltos del coraz6n del hombre frente al mundo desconocido que nos rodea. Todo lo demás, se me ocurre que es la gran mentira, que huele a manía de perros salta-tumbas. Menos artistas que los griegos, nuestro tedio no sabe crear divinidades maravillosas y sutiles, sucumbe en las universidades y los gabinetes, creando métodos, "lógicas", que 10 único que hacen es matar la parte impulsiva e instintiva del hombre que es lo único * Con anotaciones de Carlos Sabat Ercasty.

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