Boletín de la Biblioteca Nacional Nº 22
13 En cuanto a los talleres de encuadernaci6n, aunque se ha comenzado a intro- ducir equipos mecánicos, en realidad todavía se hace gran parte del trabajo a mano. Esto exige un personal numeroso. En el Museo Británico, solo la sala desti- nada al cosido de los libros da ocupaci6n a unas 50 mujeres. En total me pareció que los empleados en estas tareas, así de reparación como de encuadernación de li- bros, se acercan a los 200. En estos mismos talleres obreros especializados se dedican a la rcparación, no s610 dc los libros, sino también dc los manuscritos, porque antes de entregarlos al público se procura que todos ellos estén en buen estado y no se deterioren con el manejo. Todo esto como se deja entender supone un presupuesto muy elcvado, pero la generosidad de los que pudiéramos llamar Patronos del Museo Británico provee a to- das sus necesidades. Es sabido que esta gran Biblioteca, una de las mayores del mun- do tuvo su origen en el donativo que hizo en 1753 Sir Hans Sloane de su magnífica colección. En 1757 vino a enriquecerla la Biblioteca Real, cedida por el Estado y luc- go se han cedido otras donaciones cuantiosas. Como, desdc un principio sc pensó también en coleccionar en el edificio otros objetos, la Biblioteca vino a scr a la par, Museo y repositorio de libros. Estos en buena parte no se hallan almacenados en lu- gares inaccesibles al público, sino que pueden verse colocados en magníficos estantcs de madera a través de las grandes salas. Esto dificulta, tal vez, el servicio, pero resul- ta mucho más agradable a la vista. Por lo dicho hasta aquí, he caído en la cuenta, primero, de que la conserva- ción de los peri6dicos es asunto de espacio y, segundo, que todavía no se ha apli- cado de un modo gen eral el equipo mecánico en la encuadernación, haciéndose to- davía uso del método usado hasta aquí. RUBÉN VARGAS UGARTE S. J.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx