Boletín de la Biblioteca Nacional N° 19-20

113 to que ha llegado hasta nosotros sólo parcialmente, pues integra el capítulo XII de su Biblioteca Peruana (Lima, 1879), Y apenas mediaba la impresión cuando ésta quedó truncada; pero 10 conocido basta para juzgar el criterio inseguro de la clasificación y la excesiva parquedad de sus informaciones. Por orden alfabético de títulos, mencion.a 464 obras, únicamente hasta la letra P. y advertimos qué incluye estudios gramaticales y filológicos, disertaciones po– líticas y filosóficas, así Como trabajos de materia indefinible, o libros·pertinen– tes a la literatura de los países vecinos e impresos en el extranjero; o que OItÚ– te el nombre del autor y el pie de imprenta, en obras cuyo título anuncia tema ajeno a nuestro país. No' obstante. es posible que este esfuerzo tuviera signi– ficación en su tiempo, por haber iniciado la consideración de la literatura como un fenómeno singular en la cultura peruana y en la literatura del mundo his– pánico. Al cabo de tres décadas, cuando imprimía su Bosquejo de la literatura peruana colonial (Lima, 1910-1911), advirtió Carlos Prince que soslayaba el estudio de las obras y las aptitudes creadoras de ssu autores t e insistía exclu– sivamente en ¡'las causas favorables y adversas a su desarrollo". Atendía a las circunstancias sociológicas y a las disposiciones administrativas que en al– guna forma coactaron al ingenio nativo, para probar que era precipitado e injusto cuanto se dijera acerca de la pobreza y la escasez de sus expresiones. Pero estimó que su personal aserto no constituía probanza suficiente. Y dióse entonces a investigar. '~con suma precipitación, los datos necesarios n para for– mar un catálogo de los autores que florecieron en aquella época, e indicar Huna de sus producciones intelectuales y los lugares y fechas en que ésta ban visto la luz pública o han sido escritas". Es claro, pues, que la resultante Biblio– theca Peruana de la Colonia -que constituye la segunda parte del libro men– cionado y a la cual agregó su autor un suplemento, en 1912- no estuvo des– tinada a ofrecer un registro completo de la literatura peruana desenvuelta du– rante la dominación española. Fué proyectada como un catálogo de autores, enderezado a reparar el olvido que sobre ellos cernieron cuantos "han llenado sus narraciones con las hazañas de la conquista y de las guerras civiles sos– tenidas entre los conquistadores, la reseña de las riquezas que encierra el Perú~ las alabanzas tributadas a los grandes de España, y tantos otros asuntos~ sin recordar a aquellos hombres de talento ... que son honra y prez del Perú", y a tal propósito se debe las inconsecuencias de la recensión: porque el afán de comprobar la relativa plétora de autores conduce a Carlos Prince hacia la inclusión de escritores religiosos, fil61ogos y juristas, historiadores, geógrafos y naturalistas, tal vez en armonía con el viejo .concepto según el cual se podía atribuir calificación literaria a cualquier obra escrita; y porque no obstante ha– ber planeado su Biblioteca Peruana de la Colonia para recordar a los autores del país, menciona obras debidas a plumas extrañas y, 10, que es todavía más sorprendente, numerosas relaciones anónimas. y aún documentos adm¡nistra~ tivos. Pero esto 10 hallamos muy explicable, pues a nadie es posible efectuar una discriminación genérica a base de noticias indirectas, y teniendo a veces como única referencia algún titulo barroco. y, en cuanto al procedimiento bi-

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