Boletín de la Biblioteca Nacional N° 19-20
111 no obstante haber- desaparecido justamente en 1930, mantiene vigente la fir– meza de su orientación. A imagen y semejanza de una y otra han aparecido muy diversas publicaciones, que en cierta manera animan un diálogo revela– dor y fecundo. De una parte, Studium (1920-21), Novecientos (1924) y Nue– va Rerisia Peruana (1929-1930): y de otra, aun en tonos a veces dispares, La Sierra (1927-30), Boletín Titieaea (1927) Bolívar (Madrid, 1930), Presente (1930-31), Abcdario (1929-30), Horario (1930) y Universidad (1930-31), El programa indianista de Amauta fué ardientemente acogido en Cuz– co, por Alma Quechua (1934-1939), Waman Puma (1941-44), Túpae-Amaru (1942-44) y El Ayllu (1945); Y renovado a la luz de disciplinas académicas por la Revista del Instituto Americano de Arte (1942-58) y Tradición (1950– 58). La actitud crítica y la atención a la marcha actual del mundo, aparecen en Palabra (1936-37 y 1944), Garc;Jaso (1940-42) y Hora del Hombre (1943– 50); Y el peruanismo populista en Idea (1950-58). Y, por añadidura, la rei– vindicación de los valores regionales ha excitado la formación de activas en– tidades, que en sus órganos de publicidad dieron realce a voces y manifestacio– nes culturales virtualmente ignoradas. En estricta coincidencia con la inauguración de cátedras consagradas al estudio de la literatura peruana, en las universidades del país, las revistas que éstas editan han insertado importantes contribuciones al conocimiento de su evolución histórica y al análisis de sus caracteres. Pero la erudición se ha uni– do también al esteticismo en "3" (1939-41), Cultura Peruana (1941-58), Mar del Sur (1948-53) y Letras Peruanas (1951-55), Y, en cambio, una franca simpatía a la búsqueda expresiva de las nuevas corrientes aparece en Correo de Ultramar (1947), EpsilOf', (1947), Las Moradas (1947-49), Centauro (1950– 51), TriJce (1951), Apuntes del Hombre (1951) y Tiempo (1958). Debe reconocerse, sin embargo, que hay algo excepcional en la prensa literaria posterior a 1930, a saber: la proliferación de publicadones específica– mente consagradas a la creaci6n en sus diversas formas genéricas. No se trata 5610 de las :;:;e1ecciones. incluídas por Manuel Belt:roy en las sucesivas entregas de La Literatura Peruana (1923) y Antología Peruana. (1944-56), para divul– gar las piezas más celebradas de un autor. Se trata de la ágil exhibición de originalidad, que ya encontramos en Poliedro (1926); o en aquellas hojas de poesía "cosmopolita", que impresionaban a sus lectores con un excéntrico cam– bio de nombres, desde Trampolín y Hangar, hasta Rascacielos y Timonel (1926-27). De índole similar fueron los Cuadernos trimestrales de Poesía (1941-44), que ostentosamente lucían subtítulos diversos en cada edición; para hacerse más hospitalarios se trocaron en Publicaciones de Prosa y Verso (1945), y luego cedieron .1ugar a unas abigarradas PuHlicac10nes Pueblo (1948). Osd– lando así. entre la antología y la revista, han aparecido: Cuadernos de poesia-s (Jauja, 1945), Cuadernos trimestrales de Poesía (Trujillo, 1951-58), La Novela Peruana (1953), Cuadernos de Poesía (Arec¡uipa, 1956), Cuadernos semestra– les de Poesía peruana actual (Huarás, 1956-57), las entregas del Grupo Inte– lectual Primero de Mayo (1956-58), Cuentos Peruanos (1957) y recientemen– te Literatura (1958),
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