Boletín de la Biblioteca Nacional N° 19-20

110 ro de las que afectan una especialización rigurosa; por la exactitud que me~ diente ellas puede conferirse a la ubicaci6n de influencias y corrientes; y por los seguros indicios que dan acerca de la resonancia y ]a estimación dispensa– das a obras y autores. Por ende trasmiten un testimonio valioso para la de– finición de las circunstancias que determinan y estimulan la labor creadora. Pero desde 1930 se advierte que en revistas y periódicos no se atiende ya a la literatura y el arte según las pautas aplicadas en otros tiempos. Escritores y artistas ejercen muy limitada seducción sobre la mente del pueblo, que hoy es atraída por escándalos y crímenes, deportes y esPectáculos; y corno los he– chos que ellos emprendan, en relación con sus tareas profesionales, no impor– tan sino a los círculos afines, resulta explicable que muchos 6rganos de prensa les otorguen s6lo un espacio mÚlimo. En otras épocas solía verse poesías en las columnas consagradas a la crónica local, y aun noti';ias rimadas; pero hoy existen grandes periódicos que jamás insertan una composición poética, y aún hacen de su rechazo una norma. También era frecuente hallar informaciones o comentarios sobre actos y dichos, razones y. sinrazones de artistas y escrito– res; pero las aplliltaciones que actualmente se les dedíca suelen ser motivadas por sus actitudes políticas o su valía social, o captan una memoranza necro– lógica. Y, dando validez al aserto formulado por Lope de Vega, puede afir– marse que periódicos y revistas pretenden servir al pueblo cuando reducen o eliminan su atención a la cultura, porque aparentan creer que "es justo ha– blarle necio para darle gusto H • Asiduamente cultivan, en cambio, todo 10 frí– volo e intrascendente; y. a título de ceñir sus tareas a la información y el co– mentario de la actualidad f cercenan la raíz y la enseñanza de los hechos. Subrayemos que lo dicho rige como tendencia, y no como fenómooo absoluto; que aún se dan alentadoras excepciones, en los suplementos que al– gunos diarios consagran a la cultura; y que, por natura~ reacción contra las limitaciones de espacio impuestas a las expresiones originales de la literatura, en aras de 10 que arbitrariamente se moteja de popular e informativo, han sur– gido hojas efímeras y publicaciones especializadas, en las cuales se ha volcado la inquietud o el mensaje de grupos o generaciones. De ellas es justo hacer un recuerdo, para trazar una ajustada visión del desarrollo experimentado por la literatura peruana. Y, en primer término, cabe destacar la significación de Mercurio Peruano y Amauta. Aquella, la benemérita "revista mensual de cien– cias sociales y letras" que Víctor Andrés Belaúnde fundó en julio de 1918 -y que a través de cuarenta años ha mantenido su interés por todas las formas de la cultura nacional- es un evidente nexo entre la sensibilidad novocentista y las ansias de novedad que animan a las nuevas escuelas; y en sus diversas ediciones se halla pequeñas antologías, poemas, dramas.. cuentos y novelas, ensa– yos y estudios, notas críticas e informaciones que constituyen valioso trasW1to de la evolución literaria vivída en esos años y de la ampliación de su horizonte histórico. En cambio, Amauta (1926-1930), la revista de doctrina social que alentó José Carlos Mariátegui, fué leal a sus fines polémicos; sondeó en el pasado con ademán crítico y, tanto en literatura como en arte, fomentó la sinceridad emocional; tendió hacía el porvenir sus esfuerzos constructivos, y,

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