Boletín de la Biblioteca Nacional N° 13

91 Finalmente el señor Ministro de Educación Pública dió término al ac– to con el siguiente discurso: Señor Presidente de la Corte Suprema; Señores Presidentes de las Cámaras; Eminentísimo señor Cardenal; Excelentísimos señores Embajadores; Señores Ministros de Estado; Señoras, señores: Entre los homenajes suscitados por el primer centenario de la muerte del General San Martín, egregio formador de naciones, con los que el Gobier– no y el pueblo del Perú suman a la justa alabanza continental, es uno de los más significativos esta rememoración del nacimiento de la Biblioteca Nacio– nal, creación feliz de su genio que anheló ferviente servir las causas altísimas de la cultura y la justicia. No se habían apagado aún los vibrantes acentos con que nacimos a la vida independiente cuando el Gobierno protectoral dicta el decreto que cons– tituye y organiza este luciente faro de las ciencias y las artes, acopiando los necesarios instrumentos de estudio para consolidar aquel acto inicial, cumplien– do así, hermosamente, la idea de que no hay libertad sin cultura. Parece como si el invencible guerrero hubiera querido grabar de consuno en la intacta plas– ticidad de la nación que surgía, esos dos grandes amores, la patria y el saber, que fueron dechados de su vida austera y ejemplar. La creación de la Biblioteca Nacional es prueba muy elocuente de la obra constructiva y benéfica que sin desfallecimientos cumplió San Martín en el Perú. Al sentar esas bases para el desarrollo del espíritu realiza lo que es su preocupación constante, de que ya había dado felices pruebas en las ciudades de Mendoza y Santiago. Porque frente a la insigne figura del Capi– tán de los Andes, nimbada por la gloria, se alza la del hombre que fundó la Sociedad Patriótica de Lima, expresión de la inquietud espiritual y de los problemas intelectuales del Perú del 21, del que ordenó la enseñanza de las primeras letras en forma gratuita en los conventos regulares, decretó la ins– talación de una Escuela Normal y se interesó por las artesy oficios, en apoyo de toda manifestación de la enseñanza que pudiera contribuir al progreso del país. Por algo había dicho que la educación es admirable resorte de la socie– dad que forma el espíritu de los hombres y es uno de los mejores instrumen– tos para la libertad de los pueblos. Sus desvelos por la creación de centros de enseñanza, por difundir la instrucción y propiciar la cultura, por facilitar a los peruanos "los medios de acrecentar el caudal de sus luces y fomentar su civi– lización" acreditan que el Protector, al lado de las urgentes faenas de la gue– rra, templó las armas que habían de servir en las contiendas de la vida, con– junta e indisolublemente ideológicas y emocionales. La conmemoración centenaria que hoy nos congrega tiene así un. hondo significado para la cultura peruana, al paso que renueva en esta casa de estu-

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