Boletín de la Biblioteca Nacional N° 13
90 rio escribió acaso la página más honda de su propia biografía: una página que demuestra su contextura espiritual; y que revela el contenido y la significación que. tenía para él la guerra emancipadora. El gran capitán, que había dado la medida de su genio militar realizan– do la épica marcha a través de los Andes -proeza militar sólo comparable al tramonto de los Alpes por Aníbal en su camino hacia Roma- llega a Lima; y en momentos en que un hombre de menos altura moral que él se habría ocu– pado en perseguir a sus adversarios, quizá si en tomar precauciones odiosas, acaso en ejercitar venganzas, él atiende a crear una Biblioteca, la Biblioteca Nacional, con el objeto -dice el decreto de creación- de 'facilitar a los hom– bres tO,dos los medios de acrecentar el caudal de sus luces y fomentar su civi– lización, con lo cual las almas reciben nuevo temple, toma vuelo el ingenio, nacen las ciencias, disípanse las preocupaciones que cual una densa atmósfe– ra impiden a la luz penetrar, propáganse los principios conservadores de los derechos públicos y privados, triunfan las leyes y la tolerancia, y empuña el cetró la filosofía, principio de toda libertad, consoladora de todos Jos males y origen de todas las acciones nobles". Tales son sus propias palabras. Por eso la Biblioteca Nacional es como un monumento vivo de su ge– nio, como una prueba palpitante de la grandeza de su alma, y como un tem– plo votivo, siempre abierto, de la tradicional y perenne amistad peruano-ar– gentina. Pensándolo así, seguramente, el Gobierno Argentino ha q~erido obse– quiar a la BibliOteca Nacional, con la imagen en bronce de José de San Mar– tín. Recibimos esta efigie con emocionada gratitud, y yo ruego al señor Emba– jador de la gran nación del Plata, que exprese a su Gobierno que ella será para nosotros algo así como la concreción material del espíritu de San Martín, que parece flotar en todos los ámbitos de esta casa. Hemos hecho coincidir en esta actuación, con la entrega del busto y del retrato del prócer, regalo de la Embajada Argentina, la apertura de la Exposi– ción Sanmartiniana que, por su parte, ha preparado la Biblioteca asociándose a la conmemoración centenaria de la muerte del grande hombre. En esta ex– posición presentamos algunos manuscritos, documentos originales y auténticos de la gran epopeya; volantes, proclamas y periódicos de la época, y libros re– lativos a la vida y a la obra de San Martín. Al fundar la Biblioteca, San Martín regaló, como fondo inicial, sus pro– pios libros. Estos ejemplares, de un valor inapreciable, no existen ya: sólo he– mos podido salvar unos pocos volúmenes de ellos, en que la mano viril que condujo ejércitos y que libertó países, dejó escritas estas dos palabras: San Martín. Pero hemos querido, con otros ejemplares de las mismas ediciones de los libros que él regaló, reconstruir este legado precioso, tan lleno de trascen– dente simbolismo como la propia creación de la Biblioteca. No debo concluir sin lamentar que un quebranto de salud impida al señor Presidente de la República honrar esta actuación con su presencia; y sí agradecer la del señor Ministro de Educación Pública y de las distinguidas personalidades que han querido acompañarnos en esta tarde.
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