Boletín de la Biblioteca Nacional N° 13
87 Tal es el caso del General San Martín. Su genio todo 10 prevlO, sin que las alternativas de la campaña militar, a la que necesariamente debía prestar la máxima atención para consolidar la libertad, le hiciesen no ya olvidar, sino ni siquiera postergar otros problemas vinculados a las inquietudes integrales de los pueblos. San Martín, cuyo espíritu había asimilado una profunda cultura hu– manista, que eleva al hombre a los más altos índices del conocimiento, sa– bía que el pl'ogreso de un pueblo supone imperativamente la ilustración de los hombres colocándolos en condiciones de saber 10 que es un principio mo– ral o <l1entífico, una norma jurídica, un método, un sistema. Sabía igualmente que la cultura construye el porvenir de una nación, afianza la conciencia na– cional convirtiéndose de tal modo en una fuerza de alcances relevantes en el proceso del perfeccionamiento social, ~n el cual el hombre realiza una la– bor individual pero de proyecciones universales. La formación intelectual de un pueblo y su moral es signo elocuente de una buena disciplina mental que abarc~ al hombre integralmente, nutrién– dolo de conocimientos y criterios discriminativos que 10 hace apreciar con per– fecta nitidez, en beneficio de la sociedad, todo lo que es bueno, bello, noble, útil, ético. Es natur~l, pues, que una de las primeras determinaciones que adopta, desalojada la autoridad virreinal, es crear una Biblioteca Nacional. Su con– cepto de lo que institución tal significaba para el pueblo, está contenido en los considerandos del Decreto que la crea. "Convencido el Gobierno derrocado, dice éste, de que la ignorancia es la columna más firme del despotismo, pu– so las más fuertes trabas a la ilustración del americano manteniendo su pen– samiento encadenado para impedir que adquiriese el conocimiento de su dig– nidad". En estas frases claras y firmes San Martín enunciaba el criterio de que hay que abrir al pensamiento humano las fuentes seguras de la cultura, si se quiere llegar al desenvolvimiento pleno de la inteligencia como base efecti– va de la libertad. 'Semejante sistema, continúa expresando el Decreto, era muy adecua– do a esa política virreinal, pero los Gobiernos libres que se han erigIdo sobre las ruinas de la tiranía, deben adoptar otro temperamento distinto dejando seguir a los hombres y a los pueblos su natural impulso hacia la perfecti– bilidad. Todos los medios de acrecentar el caudal de sus luces y fomentar su cilización por medio de establecimientos útiles, es el deber de toda admI– nistración ilustrada. Las almas reciben entonces nuevo temple, toma vuelo el ingenio, nacen las ciencias, disípanse las preocupaciones que cual una densa atmósfera impide a la luz penetrar, propáganse los principios conservadores de los derechos públicos y privados, triunfan las leyes y la tolerancia, y em– puña el cetro la filosofía, principio de toda libertad, consoladora de todos los males y origen de todas las acciones nobles". Y para que penetrase en las con– ciencia de todo los ciudadanos la importancia que el Libertador atribuía a las altas finalidades que inspiraron la fundación de la Biblioteca, otro Decre– to posterior disponía, a tiempo de hallarse ya concluída con "bastante perfec-
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