Boletín de la Biblioteca Nacional N° 13
23 prendió inmediatamente al conocer el desastre que sufrió la Biblioteca Na– cional del Perú. A pesar de las dificultades que para él constituían la desapa– rición -por causa de la guerra y de la ocupación- de la mayor parte de nuestras existencias de libros, así como la obligación de reconstruir nuestras propias bibliotecas destruídas por las hostilidades, ha podido reunir el lote que os ofrezco. Cumplo este gesto sentidamente, con el respeto y el cariño que todo francés siente siempre al tener un libro entre sus manos, pero también con la emoción que en el representante de Francia entre vosotros despierta el simbólico valor de este gesto; me parece un gesto que concretiza y actua– liza esos vínculos tan estrechos que en ningún momento han dejado de unir nuestros países. En el momento de confiar estos libros a la alerta atención del señor Cristóbal de Losada y Puga, Director de la Biblioteca Nacional, quien siguien– do las huellas del ilustre maestro don Ricardo Paima ha dedicado lo mejor de su tiempo al sagrado servicio de este templo del saber y de la cultura, per– mitidme expresar un ferviente voto que dedico a vosotros todos, amigos del Perú, pero muy en especial a la juventud peruana: que estos libros puedan hasta el extremo límite de su existencia material servir para el noble uso para que fueron creados; que sus lomos puedan un día ostentar la vénerable pá– tina dejada por miles y miles de manos estudiosas y jamás puedan llegar a conocer el empolvado olvido de algún rincón de inexplorados anaqueles. Seguro estoy de que gracias a la buena voluntad de la juventud perua– na y a la clarividencia de sus maestros, gracias también al modesto puntal construído por este donativo de libros, las ventanas del Perú seguirán abier– tas de par en par a la cultura francesa, cultura imposible de disociar de esta civilización latina, a la cual tanto vosotros los peruanos, como nosotros, los franceses, tenemos orgullo de pertenecer. A continuación, el Director de la Biblioteca Nacional, ingeniero Cris– tóbal de Losada y Puga, respondió en los términos siguientes: Señor Ministro de Educación Pública Señor Embajador de Francia Señoras y señores: La cultura francesa -entendiendo la palabra cultura en su más am– plio y lato sentido- es sin disputa, por su riqueza, su profundidad y su bri– llo, una de las más extraordinarias que jamás han existido. En el mundo mo- 'derno son muy pocos los países que en este punto igualan a Francia y cabe afirmar sin miedo a equivocarse, que ninguno la supera: la Ciencia, la Filoso– fía, el Arte, la Literatura, la Medicina, todo es cultivado por este pueblo sin– gular con una originalidad y una fecundidad sorprendentes y con un brío y un empuje que se manttenen incólumes desde hace ya muchas centurias. Como al lado de este inmenso genio cultural ostenta Francia un gran genio político en las horas de la paz y un gran genio militar en las horas trágicas de la gue-
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