Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

CULTURA Y RESISTENCIA: LAS BIBLIOTECAS DE PRESOS POLÍTICOS EN URUGUAY (1968-1985) Alfredo Alzugarat Una biblioteca de presos políticos tiene como uno de sus destinos principales servir de soporte a la formación ideológica y moral de sus usuarios. En otras palabras, debe ir unida al concepto de escuela de cuadros, esa institución imprescindible en toda organización política pero a veces difícilmente posible, por no decir riesgosa o inviable, en los avatares de la militancia clandestina. La formación de grupos de estudio, la lectura sistemática de materiales básicos para ampliar el horizonte de conocimientos y la adquisición de herramientas de análisis y de reflexión significan un notable aprovechamiento del tiempo de reclusión que apunta a la optimización de la labor militante futura a la vez que echa por tierra las premisas de los carceleros, siempre preocupados por anular o negar tal práctica ideológica. La necesidad de libros que contribuyan a esa función es algo presente desde el primer momento en la historia de la prisión política. «La petición de libros constituía para los moncadistas una preocupación constante», señala Mario Mencia, quien, en La prisión fecunda, detalló la reclusión de los asaltantes cubanos al cuartel de Moncada comandados por Fidel Castro Ruz en julio de 1953. «Guido García Inclán, que los visitó varias veces, nos ha relatado que cuando les preguntaba qué querían que les mandaran, Fidel siempre respondía: “libros, libros, y acuérdate de los de Martí” […]. Era lo único que pedían» (Mencia, 1980, p. 18). Así formaron «una escuela con el nombre de un compañero muerto, llamada Academia Ideológica “Abel Santamaría” y una biblioteca con el nombre de “Raúl Gómez”, hermano muerto. Esta biblioteca está compuesta con más de 600 libros enviados por grandes amigos, políticos y profesores universitarios» que versaban sobre filosofía, historia universal, economía política, 357

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx