Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

María Teresa fue una de las fundadoras de la Asociación Nacional de Profesionales de Bibliotecas, que comenzó a publicar su revista especializada Cuba Bibliotecológica. 258 Los matones de Machado habían asesinado a tres de sus tíos en un hecho mafioso que tuvo trascendencia internacional. A raíz de esta persecución debió buscar refugio en México. 259 En 1945 María Teresa viajó con una beca de ALA a Nueva York, donde realizó una pasantía en la Biblioteca Pública de Nueva York. Allí comprobó que una biblioteca pública podía actuar como un centro de distribución de lecturas y como auxiliar de la educación pública (Montes de Oca & Rivera, 2006). En 1949 fue nombrada «especialista de programa» en la UNESCO, con lo que comenzó una larga cooperación con esta entidad. En los años que siguieron pudo asistir a conferencias en el exterior. 260 «Si llega el caso, digamos: “este magnífico libro no me interesa”, pues vale más leer un libro que no tenga calidad, que no sea un libro genial, pero que nos llegue hondo y nos aporte algo”» (Freyre de Andrade, 1964, p. 4). 261 Según Nieves Olcoz, «Arenas, becario del partido, se lee toda la Biblioteca Nacional de La Habana o el tesoro humanístico de María Teresa Freyre de Andrade» (Olcoz, 1999, p. 72). 262 En la biblioteca, él pudo escribir Celestino antes del Alba y llegó a leer muchos de los libros de aquellas galerías. Allí Arenas leyó a Borges y aprendió uno que otro truco del escritor argentino. 263 «Caminando entre las estanterías veía radiante la promesa de un misterio» (Arenas, 1992, p. 72). 264 Hay una disputa acerca del origen de esta idea. El mito sostiene que fueron los trabajadores de la nueva imprenta quienes sugirieron la impresión del libro de Cervantes. Carlos Franqui sostiene que la idea fue suya y que él pensaba publicar «millones de ejemplares». La viuda de Carpentier por su parte, reivindica la idea como propia de su marido, por entonces subdirector de Cultura. 265 El ensayo fue publicado originariamente en la revista Marcha y luego traducido al inglés y publicado en un volumen editado por Rolando Bonachea y Nelson Valdés (Benedetti, 1972). 266 En su revisión del estado de la cultura en Cuba, Benedetti fue más favorable con la poesía y la pintura que con la narrativa. Tal vez los escritores cubanos no se habían puesto a la altura de la demanda. Pero Cuba exhibía unos cuantos grandes maestros de la narrativa y la poesía, como Carpentier y Guillén, y su pintura y cine mostraban una renovada vitalidad. 267 Sobre los gustos literarios de Fidel Castro, véase Rojas, 2009 (pp. 182-191). 268 Hugh Thomas escribe: «No hubo purga de bibliotecas: Orwell aún podía encontrarse en la Biblioteca Nacional, aunque una nueva impresión de Doctor Zhivago [publicada] en Buenos Aires fue aparentemente incautada a comienzos de 1961 como literatura contra-revolucionaria. […] Mucho depende de quien toma las decisiones: así, la directora de la Biblioteca Nacional, María Teresa Freyre de Andrade, una ex Ortodoxa, y en los años 1930 miembro de los Jóvenes Revolucionarios Cubanos fue una mujer de inteligencia y humanidad» (Thomas, 1971, p. 1343). 355

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