Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

negociaciones, que se extenderían hasta el año siguiente, una de las cartas de Paul Trömel ya contaba con el sello de armas del Imperio de Brasil y la leyenda «F.A. Brockhaus. Libraire de Sa Majesté D. Pedro II. Empereur du Brésil et de l’Institut d’Histoire et de Géographie à Rio de Janeiro»180. Al principio existieron desacuerdos con los hermanos Brockhaus. Sin embargo, posteriormente, los negocios se arreglaron, tanto en relación con la edición de las obras de Gonçalves Dias como con los pedidos para la Comisión. Esto fue logrado por medio de las amenazas de interrupción de la edición de los trabajos del poeta y, fundamentalmente, por el interés de Brockhaus de entrar en el mercado editorial brasileño, como Gonçalves Dias informaba a Capanema en las cartas intercambiadas con su amigo181. Al comunicarse con el emperador, Gonçalves Dias no expresó más que elogios a Brockhaus —que por primera vez trabajaba para Brasil— y a la facilidad con la que se editaban los libros en Leipzig182. Asimismo, explicaba cómo los procedimientos de la compra de libros, y principalmente de los instrumentos, eran lentos, y por eso retrasaban la partida de la Comisión. Esta fue una estrategia que también utilizaron los encargados de la Comisión Científica para esperar una coyuntura política más favorable para su partida a Ceará, como ya fue discutido en otros trabajos. Brockhaus pedía en junio de 1857 tres meses para obtener libros en buenas condiciones y a precios más baratos, los cuales, de todos modos, representaban una suma muy alta para el contexto brasileño. Las obras solicitadas solo se hallaban en los locales de anticuarios. Buscarlas, escogerlas y encuadernarlas llevaba tiempo, para lo cual el librero haría uso de sus contactos en toda Europa, según informaba Gonçalves Dias. Los libros seleccionados para la compra eran impresos por sociedades científicas o gobiernos y, en general, se trataba de pequeñas ediciones con un gran número de estampas a color que los volvían aún más caros, ya que había que elegir los ejemplares en mejor estado de las mejores ediciones. El librero se responsabilizaba por la calidad de las obras, aseguraba Gonçalves Dias al emperador, «porque desea ser el librero del IHGB en Europa»183. De hecho, dada la calidad de las obras y la belleza y perfección de las imágenes de varias identificadas por el ex libris de la Comisión, algunas fueron elegidas para figurar en la exposición conmemorativa del centenario de la biblioteca en 1963. Ese fue el caso de las de Caspar Stoll, Representation exactement coloré d’après nature des Punaisses y 282

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