Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

86 Este ensayo es un adelanto de una investigación más amplia sobre las bibliotecas de intelectuales peruanos. La lista de personas que me han ayudado con información, contactos, sugerencias y materiales bibliográficos incluye a Paul Baudry, Fernando Brugue Valcárcel, Gilda Cogorno, Jorge Coaguila, Carlos Flores Galindo, Virginia García, Osmar Gonzales, Pedro Guibovich, Fietta Jarque, Carmen McEvoy, Mariana Mould de Pease, Ramón Mujica Pinilla, Lucía Muñoz-Nájar, Rosario Pacheco, Marlene Polo, Ricardo Portocarrero, José Ragas, José Luis Rénique, Carmen Rico Coira, Luis Rodríguez Pastor, Ricardo Salvatore, Servais Thissen, Ricardo Tremolada, Gerardo Trillo, Hugo Vallenas, Dora Varona, Marcel Velázquez, Charles Walker, Silvia Westphalen y Augusto Wong Campus. A todos ellos, y a quienes involuntariamente puedo haber omitido, mi sincero agradecimiento. Quiero también mencionar que en la medida que presento aquí información sobre la situación reciente de algunas bibliotecas, cabe la posibilidad de que ella haya cambiado entre el momento de recopilar dicha información y la redacción de este ensayo. 87 La elección de los intelectuales que incluyo en mi estudio tuvo que ver con varios factores, incluyendo la disponibilidad de información sobre sus bibliotecas. Decidí incluir solamente a intelectuales ya fallecidos o que, estando vivos, hubieran tomado una decisión sobre el destino de sus bibliotecas, como es el caso de Mario Vargas Llosa y Pablo Macera. 88 Sobre la llegada de la impresión offset y su impacto, véase Guevara & Gechelín, 2001 (pp. 118-123). 89 Sobre la historia de la BNP, especialmente en el periodo posterior a la guerra con Chile, véase el ensayo de Pedro Guibovich en este volumen. Sobre su reconstrucción luego del incendio de 1943, véase Aguirre, 2016; y sobre la biblioteca de San Marcos, Cajas Rojas, 2008. 90 El libro Paraísos del saber (Yrivarren, 2015) reunió testimonios gráficos y breves semblanzas de cincuenta bibliotecas peruanas; de ellas, 38 son privadas y doce, institucionales. Entre las 38 bibliotecas privadas hay apenas dos o tres cuyos dueños no tienen vinculación alguna con el trabajo intelectual. 91 «Mi biblioteca, de más de veinte mil volúmenes peruanos y extranjeros [la] he formado íntegramente con mi trabajo personal desde los quince años sin haber heredado un solo libro», escribió Porras en su testamento de 1953 (Trillo, 2017, p. 204). 92 Aunque se trata de acervos numerosos y ciertamente la cantidad no siempre significa calidad, resulta notorio comprobar que, en comparación con México, el número de grandes bibliotecas es mucho menor. Intelectuales y coleccionistas mexicanos como Alfonso Reyes, José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero, Jaime García Terrés o Carlos Monsiváis, por mencionar solo algunos de los casos más conocidos, reunieron bibliotecas numerosas, algunas de las cuales sobrepasaron largamente los 50 000 títulos. La biblioteca de Alfonso Reyes se conserva en la llamada «Capilla Alfonsina. Biblioteca Universitaria», un centro cultural que funciona en la Universidad Nacional de Nuevo León. Las colecciones de los otros cinco intelectuales fueron adquiridas por el gobierno mexicano y colocadas, individualmente, en la llamada «Ciudad de los libros», inaugurada en el edificio de la Real Fábrica de Tabacos en 2012. 212

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